domingo, 18 de abril de 2010

TRAS LAS HUELLAS - CAPÍTULO IV-FINAL


Más tarde en el laboratorio del Centro Integral de Cirugía Plástica y Estética Klugerman y Asociados, el agente y la doctora Reynal estaban reunidos, la doctora una exhuberante pelirroja de inmensos ojos verdes, contestaba a las preguntas:

- Doctora ¿me puede contestar en dónde se encontraba Ud. el día diecisiete de enero a las 3.45 pm?

-Detective, por supuesto, estaba haciendo mi trabajo, puede usted confirmar con la secretaria de la recepción.

-¿Qué clase de amistad la une al Dr. Klugerman?

- Solo una relación estrictamente profesional, no espere que responda otra cosa.

-¿Conocía Ud a la señora Natasha?
 -La doctora empezaba a ponerse incómoda con el interrogatorio – Sí, la conocía de las visitas que ella hacía a la Clínica.

- Gracias Doctora, puede decirme, ¿maneja Ud diariamente esta clase de probetas?, -
mostrándole la evidencia que habían encontrado-; - Por supuesto detective, esa clase de material se maneja diariamente en cualquier clínica u hospital o farmacia; discúlpeme pero tengo una consulta que no puede esperar.

…///….

El detective salió de la Clínica sin grandes progresos, no había forma de probarle su complicidad, Pinzón lo esperaba en la camioneta policial, regresaron a las oficinas bastante desesperanzados, el caso estaba estancado, sin que arrojara ninguna nueva luz sobre el crimen. Sin embargo la culpabilidad del médico era difícil de probarla. No había huellas, no había nada en absoluto que lo implicara, algo se le estaba escapando de las manos…

Un mensaje de Ebelin sacó de su ensimismamiento a Pinzón “Jefe, ha sucedido algo que le sorprenderá, venga cuanto antes”. El sargento pisó el acelerador y arrancaron a máxima velocidad, -“Dios quiera sean buenas noticias”- Ebelim los esperaba bastante exaltada revisando en la computadora. “Pues verás Pinchi, llamaron de la compañía de seguros “La Seguridad del Puerto” para denunciar sobre una firma irregular en una póliza de vida de la extinta Natasha Klugerman, pero lo más interesante es el nombre del otro asegurado” -¿No es el marido? -, -“Ah ah Pinchi, siéntense porque es lo que menos se esperaban” -, -“¡Vamos por Dios suelta, ya ! - “ El asegurado es nada menos ni nada menos que un tal Markus Weifel” - ¡Maldición! Esa cucaracha. -Exclamó Pinzón.

-¡Vamos, hay que alcanzar a ese desgraciado! – “Atención a todas las unidades, habla el sargento Pinzón, nos estamos dirigiendo al Gimnasio Stylus, en la Gran Avenida León, por favor envíen refuerzos, el sujeto podría estar armado”. 
Hizo sonar la sirena para abrirse paso entre los vehículos que congestionaban el tránsito. Furia, como es lógico iba con ellos atento a todo lo que estaba sucediendo. Parecía haberse formado un nuevo equipo. Doblaron hacia la gran avenida a toda velocidad, bajaron los dos agentes, mientras tres unidades más venían detrás de ellos, Pinzón y Tagle sacando las pistolas entraron al lugar, los empleados del gimnasio levantaron las manos sorprendidos y espantados, “¡¡¡Donde está!!!, dónde está ese cretino?!!!-. -“Salió, salió hace veinte minutos, se dirigía al aeropuerto”- Los policías no dejaron que terminara de hablar, arrancaron velozmente hacia el aeropuerto, -“¡Será posible! Maldecía Pinzón “¡Como no lo vi! Como estuve tan ciego!”.

Justo cuando entraban al Aeropuerto Internacional, el agente Víctor divisó al entrenador que corría desesperado hacia la entrada principal para abordar el avión. -¡Allí va! Jefe se nos escapa!!!! Inmediatamente abrió la puerta trasera para que el perro saliera - ¡Furia! ¡¡¡Attach!!!! El perro no se hizo rogar, a toda la velocidad que le permitían sus patas corrió hasta el fugitivo; Markus Weiffel huía desesperado tratando de alcanzar la puerta, pero el noble animal lo alcanzó, se abalanzó sobre él y lo tiró, seguidamente se prendió de su cuello hasta que su dueño le diera la orden de soltarlo. Agotados, los dos agentes llegaron hasta donde se encontraban el perro y el criminal, “¡No lo sueltes Furia, ¡bien hecho! –“Comisario Tagle por favor léale los derechos a ese pajarraco” –“Si Sargento, con mucho placer, señor Markus Weiffel, tiene derecho a permanecer callado, todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra…..” La labor había terminado, Natasha Klugerman podía descansar en paz.

EPÍLOGO

En la Comandancia, Pinzón hablaba por teléfono con Mónica, se encontrarían el fin de semana para ir a almorzar. Para el sargento habría un nueva oportunidad en su vida -además del ascenso que había ganado con este logro- no dejaría escapar esta vez el chance de poder recuperar el afecto de su hija.

Furia jugaba entretenido con un hueso de plástico, regalo de su dueño, el bravo perro lucía en su cuello una medalla con la siguiente inscripción “A Furia, en reconocimiento a su destacada labor en el departamento de Policía. De sus orgullosos compañeros”.

Ebelim comentaba con Tagle ciertos detalles que surgieron durante la alocada detención. “Pues como te digo, de la telefónica pude averiguar que las llamadas provenían del teléfono de Markus, posiblemente la estaba atemorizando”.

-“Pues así es mi gente, -
se acercó Pinzón- el hombre resultó ser una joyita, tenía malos antecedentes por haber hecho uso inapropiado de las jeringas con ciertos pacientes en un psiquiátrico de donde fue expulsado. La verdad nadie se imaginó que en esa carita de niño bueno podría vivir semejante engendro.”

-Bueno chicos, nos veremos el lunes, cuídense –
dijo Ebelim mientras recogía los papeles del escritorio, ese fin de semana deseaba olvidar toda esa aventura y comenzar el lunes siguiente con renovadas energías. Tomó su bolso y se despidió de todos.

-Epa, epa, ¿por qué te vas tan rápido?, ¿no me dejas que te acompañe a tu casa? Dijo Tagle mientras la seguía hasta el ascensor.

-mmmmmm ¿que me irás a pedir? – “Nada princesa te lo juro, -decía Víctor poniendo cara de inocente- no seas mal pensada, es que solo me decía, ella está sola, yo estoy solo, no hacemos mala combinación.”

-“mmmmm no sé, no sé…. déjame meditarlo, bueno, pero solo hasta mi casa. Ok? –
 le advirtió Ebelim.

-Si bueno, hoy a tu casa, mañana podemos ir al cine, pasado mañana vamos a cenar, sí, sí dime que sí , ¿si? -insistió el agente.

-Hey! No te pongas pesado! Tú no corres, vuelas!

-Pero eso sí, necesitaremos la aprobación de alguien más, -
recordó Tagle- -¿De quién? -

-¡Pues del mejor policía de Puerto León!, ¿no es así Furia? - ¡Guau, Guau, Guau! -
 El perro se acomodó en medio de los dos y subieron al ascensor.

-¡El amor! ¡El amor! Se dijo Pinzón. Apagó las luces del escritorio y salió.


QUERIDA FURIA
GRACIAS POR INSPIRAR ESTE RELATO


GRACIAS JULIO CÉSAR

GRACIAS EBE

GRACIAS PAULI

Pido perdón por los errores que haya cometido en este largo relato, y espero poder perfeccionarme en un futuro.

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