domingo, 18 de abril de 2010

EL DEBUTANTE - CAPÍTULO I



LA CITA


Ajustó su reloj, eran las seis y cuarenta y cinco de la tarde, no había pegado un ojo desde las tres de la mañana, la inquietud no lo dejaba tranquilo; el plan se había puesto en marcha; dentro de unas pocas horas haría su debut. Poco a poco comenzaba a tejerse en su mente cada paso que daría, no podía cometer una sola equivocación. Llevaba meses maquinando su plan; de donde salió la idea no sabía, a lo mejor de la tele, de los libros, de la mierda de vida que llevaba en ese miserable cuartucho. No le gustaba hablar con nadie ni ser molestado, cuanto menos supieran de él mejor, solo tenía esa obsesión que quería llevar adelante; el mundo le parecía una cloaca, un mundo podrido que para él nunca había tenido cabida. El ayudaría a limpiar un poco ese mundo de porquería; en el suburbio donde había ido a parar se habían ahogado todos sus sueños, sus proyectos, solo sobrevivía el fracaso y el odio contra quienes lo habían rechazado. Ahora había llegado la hora de su desquite, de hacerle ver a todos quién era él. Esta noche sería algo que no olvidaría ese pueblo maldito. No volvería atrás, había llegado la hora.

Había quedado en encontrarse con ella a las siete y treinta de la noche, la esperaría en frente del antro donde ella trabajaba todas las noches, ummm, solo de pensar en sus senos grandes, erguidos y redondos, en sus nalgas apretadas con la ropa, se apoderaba de él la excitación, se tocó su miembro duro, faltaba poco para verla… no sabía lo que le esperaba…; dominó su deseo, debía tener el control para que todo saliera perfecto. Repasó con su mente cada paso otra vez… revisó en el maletín que no se le olvidara nada. Apagó las luces y salió….

………… / / ..............

Nunca revelaba su nombre, a quién podía interesarle, su apodo de batalla era Katty, tenía el oficio más antiguo del mundo, puta de la noche a la mañana, salvo los domingos que descansaba de vender su cuerpo, el resto de la semana con el que le tocara en suerte, hombres de todas las edades, muchachos, jovencitos y viejos asquerosos, babosos, que la manoseaban; pero esa era su vida, la que le tocó vivir desde los quince años; ahora tenía veinticinco, estaba en lo mejor de su carrera malviviente; no sabía si algún día su destino cambiara, cuando juntara más dinero, quizá podría largarse de ese lugar inmundo, de esa vida inmunda.

Esa noche sería especial, se había citado con ese hombre, que seguramente sería como los demás, cojería con ella una o dos horas, le tendría que hacer las inmundicias de siempre, después recogería su tarifa y afuera de nuevo a seguir recorriendo sus calles. Aunque no sabía por qué cuando lo encontró por primera vez en ese bar, lo notó distinto a otros clientes. De pinta era normal, altura normal, cara normal, pero en sus ojos había algo que no era normal, la miraba distinto, tenían un brillo muy…muy adentro que la inquietó cuando la miró, algo que la atemorizaba.

Eran las siete y treinta, ya debía estar esperándola, bueno que esperara otro poco, se acomodó su cabellera larga, se echó ese perfume que le gustaba; se miró en el espejo una vez más, le pareció que se estaba arreglando para una cita de amor; ¿amor? –Jajajaja (soltó una risita) al menos no con ese, que cuando le clavaba los ojos era como si la ensuciara de solo verla, como si la desnudara delante de todos, o quizá estaba retrasando unos minutos porque algo le decía que no fuera, que lo dejara para otro día. No, tenía que ir, necesitaba cobrar.

Se puso la chaqueta de cuero negra y bajó por las escaleras hasta la planta baja. Desde la recepción lo vio parado en la esquina, eran las siete treinta y cinco, ya la estaba esperando…

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Ahí estaba tal como la recordaba en la primera cita, esa putita de bar, tenía una cara bonita si no fuera por el maquillaje; sonriendo con una risita medio nerviosa, le comió los senos con los ojos, el calzoncito que se le marcaba en el pantalón. Le gustaba la putita, y era la elegida para su debut; había llegado cinco minutos tarde pero no importaba, había tiempo. Llamó un taxi, se zambulleron dentro de él y partieron hacia un destino desconocido…

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