domingo, 18 de abril de 2010

EPÍLOGO PARA UN AMOR



Todo comenzó un día cualquiera, llegaste a mi puerta, a mi puerta de cristal, así me gusta decirle al monitor, al ordenador le dirás tú, creo que fue Junio, los dos cumplíamos años en el mismo mes, nos miramos por la cámara, nos descubrimos y empezamos a soñar. Me encantaban tus ojos, tu forma de mirar, tu sonrisa tan dulce, y tu voz grave de hombre, al irme acostar me la llevaba grabada en mis oídos, recordando cada dulce palabra. Nuestros corazones querían estrenar ese amor (¿amor?) ¡que fácil fue inventarlo, vestirlo con palabras, adornarlo con versos. A veces nos quedábamos solo mirándonos, estudiando nuestros gestos, intercambiando dibujitos, besitos, triste consuelo para nuestro sentimiento atado a los cables, a la distancia, a un tiempo de esperas infinitas.

Y el tiempo fue eterno para cristalizar eso que yo quise llamar amor, como no podía darle ese nombre, si era una entrega total, en una computadora, pero total, horas, minutos, segundos que se nos escapaban tras esa quimera que nunca alcanzábamos, que huía hacia la nada.

Pero el tiempo no fue eterno para comenzar a tejer el principio del fin, estábamos predestinados a olvidarnos, a no pertenecernos, ya no venías tanto, intempestivamente tu corazón ya no era el mismo, el cansancio de repetirnos lo mismo, la rutina de los mismos besos, las mismas caricias y la realidad de cada uno nos fue ganando. Y el amor (¿amor?) se secó como una rosa fuera de su jardín, quisimos atraparlo como a una mariposa en nuestras manos y no nos dimos cuenta de que era demasiado frágil, que quería ser libre, y tú también querías liberarte, yo hubiera continuado, sentía que mi motivo eras tú, que sin ti me sentía prisionera, presa de mis soledades, de mis penas.

De ti ya poco fue quedando, poco nos decimos, nuestra historia tuvo un punto final, solo que nos cuesta arrancarnos el uno del otro, a veces vienes a verme, a veces quieres revivir el deseo, parece que algo todavía despierto en tu piel, pero eso no lo quiero yo; sin que me ames, no, definitivamente no; ahora tengo paz, tengo mi mejor recuerdo de ti, y vivo sola, quizá más sola que nunca, pero llevándote como una mariposa revoloteando libre en mi alma, como una rosa fresca y fragante en el patio donde la alimenta el sol y la vida. De ti tal vez no tengo nada, pero te tengo a ti.

No hay comentarios:

Publicar un comentario