domingo, 18 de abril de 2010

TRAS LAS HUELLAS - CAPÍTULO II



El edificio de la morgue quedaba al otro lado de la ciudad, de paredes grises y con una puerta inmensa estilo colonial siglo XIX, donde se podía leer en una placa dorada, “Edificio Central de la Morgue de Puerto León”. Pinzón y Tagle mostraron su identificación para poder entrar al depósito de cadáveres. Ya estaban acostumbrados a este procedimiento, - pero a un muerto uno no termina de acostumbrarse- pensaba Tagle. Pidieron hablar con el encargado, el médico forense, que se encontraba haciendo unas anotaciones.

-Venimos a ver el cuerpo que encontraron en el río. Soy el sargento Pinzón, él es el detective Víctor Tagle, ¿sería posible ver el cuerpo?.

- Sí, bueno,
 -respondió el forense- lo trajeron ayer a la noche, pero tendrán que hablar después con el Capitán Mercier, el Director que encabeza este caso. Es muy misteriosa esa muerte, acompáñenme, está acá al final de esta fila.-

El lugar estaba helado, de lado a lado habían diez filas de cajas mortuorias, el médico procedió a abrir la caja de metal que se encontraba en la fila número seis donde se guardaba el cadáver. Tiró hacia atrás fuertemente para sacar la camilla metálica, la mujer estaba envuelta en tela de nylon transparente, el forense procedió a mostrarles el cadáver – Les agradezco no toquen el cuerpo, aún no se le ha hecho la autopsia.- La mujer era como de treinta y tres años, de contextura delgada, de melena rubia, en vida parecía haber sido una hermosa mujer; Pinzón estudió el cuerpo, no vio nada que llamara su atención. Quiso levantar un poco su pelo porque creyó ver algo en cuello, pero el médico le recordó que no debía tocar nada, no sin antes hablar con el Capitán Mercier.

- Tagle, comunícame a la oficina del Capitán, para que nos reciba ahora mismo. - Si jefe, enseguida. Tagle marcó el número de la Sede principal y pidió hablar con el Capitán. –Gracias, allí estaremos. Listo Sargento, el Capitán nos espera.- Más tarde en las oficinas del Capitán Mercier, se encontraban hablando, y fumando sendos habanos que les convidaron.

- Estuvimos en la morgue y vimos el cuerpo, con su permiso nos gustaría visitar el lugar del crimen. ¿Tienen ya identificada a la víctima?-

-Su nombre era Natasha Nash Klugerman, esposa del doctor Silvio Klugerman, prestigioso cirujano plástico de la ciudad. Aunque el cuerpo no tiene señales de violencia, el hecho de haberla encontrado en el río evidencia que no es una muerte normal, tampoco hay señales que hablen de suicidio. Estamos agotando todas las posibilidades. El Dr. Klugerman no se encuentra en la ciudad, estamos esperando su llegada dentro de unas horas.-

-¿Quiere decir que no sabe todavía lo de su mujer? ¿Cuánto hace que está ausente?

- Hace una semana tomó un vuelo a Río de Janeiro para el XIII Congreso de Cirugía Plástica del Cono Sur Americano al que fue invitado. Ya fue notificado, por eso está regresando en el primer vuelo que salió de Río.

- Me gustaría hablar con él cuando llegue a Puerto.

-Pinzón, le voy a agradecer que guarde la máxima discreción. No debería permitirle meter sus narices en esto. Es un asunto delicado. Su cooperación será valiosa pero le agradezco me informe de todo lo que averigüe. Ah, otra cosa, entre las pertenencias de la víctima hallamos una cartera, entre las prendas que contenía había una libreta de direcciones, tal vez le pueda servir de utilidad.

Salieron de allí sin mucha información, únicamente la bendita libreta que tal vez pudiera servir de ayuda, y con el permiso de Mercier para poder visitar la zona del río; el Sargento le daba vueltas a su cabeza, había cabos sueltos que no podía unir. Deseaba centrarse en este caso especialmente, tal vez fuera la oportunidad que había esperado toda su vida.

- Tagle prepárate para ir mañana temprano al río Amarillo, es mejor empezar a buscar por el final, lleva a tu Furia, que podría sernos de utilidad.- El apuesto detective no cabía en sí de contento, -¡Sí jefe, ya verá, no lo vamos a decepcionar!-

....//.....

El sargento llegó a su casa, agobiado por el día que le tocó, era una casita pequeña con tres habitaciones, que logró alquilar después de la separación, casi no tenía muebles, habían almohadones por el suelo, unos viejos sillones de mimbre, la televisión de 20”, una cocina con lavadero, lo más económico que encontró; entró arrojando los zapatos por cualquier lado, dejó la chaqueta arriba de la silla y se tumbó sobre la cama; cerró los ojos pensando en el día de mañana. En algún momento se haría de unos minutos para llamar a Mónica, y poder invitarla a comer algo.

Repentinamente se acordó de la libreta de la occisa, se paró como un resorte y buscó en el bolsillo de su chaqueta la dichosa libretita; de cuero gamuzado, color negro; desprendía un suave y delicado aroma, tenía el nombre de la desdichada mujer, el número de su documento, de su pasaporte, algunos teléfonos de servicio público y su dirección: Avenida Roosevelt Edificio Boeing Piso 10-A, siguió repasando lentamente y de repente frunció el ceño, sintió helarse su sangre, en la información de teléfono personal aparecía “ 0428 688 69 76 “; no podía ser, era el teléfono de la misteriosa mujer que lo había llamado en la mañana, para estar más seguro esperaría a preguntarle a Ebelim al día siguiente. Si era así, ¿qué había significado ese llamado? ¿Un pedido de ayuda?, maldijo ese día, ahora más que nunca llegaría hasta el final. Si era un asesinato como su intuición de sabueso se lo decía, no dejaría que quedara impune el desgraciado o los desgraciados que lo cometieron.

21 de Enero – 9.45 a.m

Cuando el Sargento llegó, Ebelim y Tagle revisaban unos papeles, el detective se encontraba sentado en el escritorio de Pinzón, no se dieron cuenta de que venía entrando el gruñón policía, - ¡¡¡Tagle quita tu trasero de mi silla ahora!!! El detective saltó en la silla -Dios, ¡me asustó jefe! No se ofenda, le estaba cuidando su escritorio para que nadie venga a husmear. Jefe le presento a mi compañero, Furia saluda a tu nuevo jefe.- El pastor alemán asomó su hocico por debajo del escritorio de Pinzón. Era un enorme perro, de mirada inteligente, se quedó viendo al Sargento, moviendo su cabeza de un lado a otro. El sargento puso el grito en el cielo: - ¡Saca a ese pulguiento perro de mi escritorio!- Tagle se encogió de hombros - Vamos Furia, campeón, no molestemos al sargento.-

Comenzaron enseguida a realizar todos los preparativos para ir a la zona a investigar, a tomar huellas; Ebelim quedaría encargada de atender las llamadas o cualquier eventualidad que se presentara. El auto del departamento de policía ya estaba listo, parecía ser un buen día, con bastante sol. Subieron los tres, Furia se subió al asiento trasero como si ya supiera cual era su trabajo. Había sido entrenado en la escuela de Policía, pero como ya tenía más de diez años, lo habían pasado a retiro; Tagle se lo llevó con él porque le parecía que habían nacido el uno para el otro, para hacerse compañía y vivir aventuras. Pinzón durante el trayecto le informó al detective sobre el episodio de la libreta. -¡Vaya!, entonces ese llamado debe haber tenido que ver con su muerte, hubiera llegado una hora antes y quizá hubiera salvado su vida.- Pinzón siguió manejando en silencio, empezaba a sentirse un poco culpable.

Tuvieron que bajar por una especie de colina para poder llegar a la zona que se encontraba acordonada; habían cuatro policías vigilando la entrada y salida de agentes, de fotógrafos, de periodistas. Era un sitio tranquilo, en la orilla habían piedritas que al rayo del sol, refulgían con distintos colores. El nombre del río se debía a su arena de color intensamente amarilla. Pinzón trató de seguir rastros donde hubiera algunas huellas; Tagle hablaba con los agentes haciéndoles preguntas sobre el hallazgo del cuerpo, hora, día, posición en que la encontraron, todo lo que pudiera ayudar. Pinzón no pudo distinguir ninguna huella, ni de pisadas ni de vehículo.

De repente el perro comenzó a olfatear y caminar en zigzag por la zona donde había más hierba. - ¡Furia! Ven aquí! ¿Adónde vas?- -¡Déjalo! dijo Pinzón – Debe estar olfateando algo – Vamos a ver que ha encontrado.- Llegaron adonde estaba el perro, quien los miraba con las orejas paradas, como orgulloso de haber cumplido su misión. Tagle miró hacia el pasto, una pequeña ampolleta vacía sobresalía de la grama. –Tómala con cuidado, servirá como prueba, ¡llévala al laboratorio para que examinen huellas, contenido, todo! Vayámonos de aquí, no hay mucho que hacer en este lugar.- Tagle colocó el envase dentro de una bolsita plástica transparente, la selló y la guardó en una caja de cartón. Pinzón acarició el lomo del animal en señal de agradecimiento por su colaboración.

22 de Enero 12.10 pm


Centro Integral de Cirugía Plástica y Estética Klugerman y Asociados.

-Dr. Klugerman, aquí en recepción le solicitan el Sargento Enrico Pinzón y el detective Víctor Tagle, desean hablar con Ud. para hacerle unas preguntas –
 sonó la voz de la secretaria por la línea del teléfono -

- Señorita, le he dicho repetidas veces que a esta hora no atiendo consulta, ni doy entrevistas- Al instante la puerta del consultorio se abrió y el rostro ceñudo de Pinzón se asomó: -Disculpe Doctor pero esta no es una consulta ni una entrevista, yo soy el sargento a cargo de la investigación de la muerte de su esposa, puede haber algo más importante y urgente que eso?- y entró sin esperar respuesta. Tagle se quedó esperando en la recepción con Furia.

- Mire, sargento yo he respondido ya a todas las preguntas en el interrogatorio que me hicieron en la Central, estoy muy consternado con este asunto, no hay mucho más que pueda decir. Le agradezco que pregunte lo que necesite preguntar y se retiren enseguida. Estoy cansado, por favor sea breve.-

-Si Doctor Klugerman, seré muy breve, tan breve que no me tomará ni un segundo. ¿Cuándo dice Usted que viajó a Río de Janeiro?

- Viajé la semana pasada, el trece de enero.

- ¿A qué hora salió su vuelo? ¿Conserva aún el boleto?

- No sé, no sé, supongo que sí, Tengo que revisar, ¡demonios! pero ¿a qué viene eso ahora? ¿Sabe como es la cosa?, no diré una palabra más, sino es en presencia de mi abogado.
 – El médico se mostraba bastante alterado.

- Genial idea, doc, porque creo que lo va a necesitar...

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