LA VOZ


Se puso los audífonos y salió a caminar, le gustaba la música de rock, heavy metal, Led Zeppelin, Iron Maiden, Kiss. Guns & Roses; subió el volumen, quería tapar esa voz de adentro, esa voz que a veces aparecía, que le susurraba. No quería oírla, quería arrancársela de su mente, de su cerebro. ¿De dónde había salido, quién se la metió adentro? Una voz  metálica que se metía como un gusano en sus tímpanos, enviando ondas de miedo, de terror, puso el volumen más fuerte, pero sabía que allí estaba, aguardaba, en cuanto se quitara los audífonos, le hablaría como le hablaba en todos los rincones que pisaba, al bañarse  la voz tapaba el ruido del agua, cuando miraba televisión, cuando encendía la aspiradora, ningún ruido la sepultaba, se había vuelto parte de su ser. Se envolvió en su chaqueta de cuero, se dirigió al ascensor, al menos caminando se olvidaría un poco de sus fantasmas. Sumergido entre el tumulto no lo podría alcanzar, no le podría hablar. A veces era esa voz, otras se multiplicaba por veinte y hablaban todas a la vez. Sabía que loco no estaba, que no las imaginaba, alguien se las inoculó en sus oídos. Algún médico de mierda, alguno de esos matasanos que le recetaban las pastillas para dormir. No se acordaba cuándo empezó todo, de qué forma esa voz temblorosa, cavernosa, inhumana, se reía dentro de su cerebro, lo insultaba, jadeaba, inducía, mandaba, gritaba, amenazaba.
Agarró la avenida mayor, la que tenía más tráfico, en las aceras se desbordaba la gente, haciendo las compras navideñas, de fin de año, Papás Noel en las esquinas, ho-ho-ho-ho!!! Odiaba esas ridiculeces, esas hipocresías, ni de niño creyó en ese gordo colorado, de barriga prominente, con nariz de borrachín. A su casa nunca llegaba ese personaje de mentira. En su casa nunca había regalos, sólo palizas, y el hambre de todas las noches. Navidad no existía, nunca existió. Que los demás festejaran su estúpida mentira. Aceleró el paso, unos vendedores ambulantes lo perseguían, -Joven, tenga bombones, chocolates, galletas navideñas, están de rebaja  -
-¡Quítate miserable!- le hizo una señal grosera con la mano –
-Vaya! ¡Qué espíritu navideño! A ver si te das un baño de agua bendita.
-Muérete infeliz, muerto de hambre!
El vendedor se encogió de hombros y prosiguió en lo que sabía hacer. - ¡Bombones, chocolates, galletas navideñas, aprovechen las rebajas!.
Cruzó hacia la otra acera, miró los grandes escaparates, abarrotados de mercancía, juguetes, dulces, turrones, postres, vestidos, trajes, adornados con bombitas de colores, guirnaldas navideñas, en el centro de la avenida estaba iluminado el gigantesco árbol, con enormes cajas de regalos a sus pies; todo era luz, angelitos, música, villancicos. Apuró el paso hacia otra parte, eso lo asqueaba. Su heavy metal seguía socavando sus tímpanos. No sabía de dónde llegó ni cómo llegó. Sintió su leve murmullo: -mmmmmmmm mmmmmm ahí estaba se miró en los escaparates para ver si veía a alguien detrás de él; nada que ver, estaba siempre dentro de su carne, latía en su piel. –mmmmmm mmmmmmm – el murmullo iba in crescendo; del fondo de sus entrañas comenzó su repetido vocabulario, casi siempre las mismas palabras  Veeeee veeee ahora tienes que hacerlo hazlo y seguirás, es fácil solo hazzzzloooo
Se arrancó los audífonos, se tapó las orejas con sus manos. Sentía que la gente lo miraba extrañamente. ¡Maldito! ¡Déjame en paz! ¡Qué me dejes en paz!
-Señor ¿qué le ocurre? Se siente mal?
No pudo contestar. Arrancó en una frenética carrera hacia la plaza central. Y la voz corría con él, lo perseguía, no lo dejaba parar. -¡No lo voy a hacer! ¡No lo haré! –Eres un débil, sin voluntad, por eso nos oyes- ahora eran tres voces, tres voces al mismo tiempo hablando igual. Lo harás lo harás lo harás porque no tendrás paz hasta que lo hagas- ho ho ho ho ho ho  ahora era la risa de Papa Noel burlándose sarcásticamente - Eres un chico malo te mueres por hacerlo, lo que empieza nunca acaba jodido maldito miserable no tienes voluntad.
No pudo soportar más se puso sus audífonos, no los seguiría escuchando maldito demonio, se regresó a su casa. Seguramente su madre ya le tendría preparada la cena, no tenía hambre, tomaría las pastillas y dormiría hasta mañana; la única forma de evadir por un buen rato ese tormento diario. Llegó, le dijo a su madre que se sentía mal, que no cenaría. Cerró con seguro su puerta y se tomó cuatro pastillas, con eso dormiría hasta mañana al mediodía. Se extendió en su cama sin quitarse los zapatos, cerró los ojos, poco a poco se fue adormeciendo. Soñaba que corría corría corría una sombra lo perseguía por una calle solitaria saltaba por los muros la sombra extendía sus garras cuando ya lo alcanzaba él lograba escapar era una carrera interminable ¡ayúdenme, ayúdenme, ayúdenmeeee!!! – ¡Hijo! ¡¡¡Que pasa!!! Los golpes en la puerta lo regresaron a la realidad, no se daba cuenta qué hora ni que día era, si era de día o de noche.
-Levántate el almuerzo está listo. –
-Déjame tranquilo mamá, no voy a comer.
-No se qué rayos pasa contigo – Voy a hablar con tu padre, nos estas volviendo locos a todos. Será mejor que salgas –
-Veteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!!!
Algo más tarde escuchó que sonaba el teléfono.  Su madre otra vez golpeando a su puerta –Es Charityn, quiere hablar contigo –
-Dios! es que no puedo estar tranquilo! Jodidas mujeres. ¡Ya voooy!
Le costaba abrir los ojos, se sentía mareado, confuso, raro, esas pastillas lo sacaban de la realidad pero volvía peor – Hola, hola nena como estás. Me duele la cabeza.
-Cariño vamos a tomar algo, me tienes abandonada
-Bueeeno, está bien- habló desganadamente, solo para darle el gusto. Estaba medio aburrido de esa relación. Muy posesiva. ¿Es que no tenía nada que hacer? ¿Las mujeres solo piensan en eso? ¿En retozar todo el día? Otra vez a salir. Cuando regresara se tomaría ocho pastillas para dormir dos días enteros. Salió pero sin olvidar sus audífonos su protección contra la voz…  El bar estaba a cinco cuadras, seguramente estaría Charityn esperándolo. No sabía cómo pero tendría que hablar con ella para cortar con eso. Lo tenía aburrido. Con sus palabras remilgosas, sus caricias provocativas, y siempre lo obligaba a terminar en el mismo lugar, en un cuarto de hotel.
Como pensó, allí estaba sentada en una de las banquetas del bar fumando un cigarrillo y tomando una cerveza.
-Papi! Muñeco! ¡Hola mi osito! Por qué no me hablabas, te extrañé tontito. – Ya empezaba con sus manos a revolverle el pelo, a meterse por su cuello. –
-Ya Chari, no empieces con los reclamos, no me he sentido bien.
-¿Pero qué sucede cielito? - y seguían sus manos explorando la curva de sus labios, dentro de sus orejas. ¡Ya no la soportaba!
-Barman sírveme una igualita a ésta. Bien helada. Mira mujer, tenemos que hablar. No puedo seguir así, la verdad es ésa, quiero darnos una tregua.
-No bebé, no me digas eso, -dijo puchereando. –qué tendría en esa estúpida cabeza, hasta su forma de hablar ya la estaba odiando, voz de barbie, nombre de barbie,  una  muñeca vacía. Con su carita de plástico, naricita respingona, labios rojos, el pelo rubio largo. Era hermosa pero no tenía cerebro. Cuando  hablaba parecía que le daban cuerda. –Ven con mami, tengo algo para ti-
-¿Qué es, qué tienes? La chica se le acercó y empezó a acariciarle su miembro. Tragó saliva, sentía que iba a explotar. Una excitación le llegó desde adentro, sintió la boca reseca, su pantalón se estaba humedeciendo. –No, aquí no!, ¿estás loca?
-Vamos al de enfrente, allá hablaremos mejor, anda cariño, sí? Te deseo…
-Vamos, pero esta conversación no queda aquí, en serio, no creo que pueda continuar así.
Entraron al cuarto, Caro se comenzó a desnudar y a desnudarlo. Cayeron en las sábanas enredándose en sus cuerpos, el mismo ritual que seguían en cada encuentro. Caricias, roces, Charityn rozaba su senos en su boca, se contorneaba, frotaba su miembro. El hombre comenzó a jadear –ajjjjjjj ajjjjjj! mmmmmmm mmmmmmm rico rico rico -  esa voz…. ¿era su voz?  -acábala, ahora, acaba con esa perra - ¡Perra! mmm mmmmm – otra voz, la de Chari sonaba desde muy lejos. -¡Qué te sucede!  ¿Por qué hablas así? Las otras voces tapaban la de Chari, -Hazzzlooo deshazte de ella mándala al infierno aho-o-o-raaa reviénta-la-la-la- las voces llegaban como ondas electromagnéticas su cabeza estaba por estallar –levantó la mano e hizo que cayera sobre la chica, sentado sobre su estómago comenzó a golpearla. La voz continuaba murmurando así así así má-ta-laaaaa má-ta-laaaaaaaaaaa- ya no escuchaba los gritos desesperados de Chari – golpeaba y golpeaba y golpeaba con el puño cerrado sobre su cuerpo sobre su rostro. Esa furia interior era incontenible, insaciable. De repente paró todo, era silencio, él volvió en sí, no sabía cuánto tiempo había pasado ni dónde estuvo, su mente había desaparecido, ahora se dio cuenta dónde estaba. Se dio vuelta y vio a su lado el cuerpo y la cara destrozada de su novia. Nadando en su propia sangre, la chica yacía con  los ojos abiertos, todo su cuerpo magullado, horriblemente desfigurada. El miedo lo paralizó, -¡Dios mío qué hice! ¡qué hiceeee!- Temblando se vistió tan rápidamente como pudo. La dejó allí tendida, bajó por las escaleras, después se las arregló para desaparecer del hotel sin ser visto.
Sin rumbo, sin conciencia, vagó por las calles, aturdido por esa voz que se multiplicaba, que atormentaba su cerebro, no escuchaba nada más que esa risa sarcástica, demoníaca, que seguía hablándole desde el infierno, haciéndole ver su culpa, volviéndolo un ser absolutamente nulo; se detuvo en una vidriera, a través del vidrio oscuro pudo verse, era la sombra de su sombra, vio su ser oscuro, sucio, desquiciado, no soportó más, echó a correr hacia cualquier parte, sentía que lo perseguían, que lo acosaban, quería detenerse, descansar por unos segundos, no podía volver a su casa, seguramente ya habrían encontrado el cuerpo de Charity; lo encerrarían, lo juzgarían, le darían cadena perpetua o tal vez condena a muerte. Hasta cuándo seguiría así, no podía saberlo, solo quería que alguien le arrancase ese verdugo que estaba decapitando su propia voz, su garganta, sus pensamientos.
Dos días más tarde lo encontraron medio inconsciente en una plaza, casi sin pulso, la policía se lo llevó, lo interrogaron pero él casi no quería hablar, decía : “fue la voz, esa voz me lo ordenó” “soy inocente, no quise hacerlo” “ellos me obligaron”
Debe estar loco- decía uno de los oficiales –
-Por esta noche enciérrenlo en el calabozo, no se le permitirán visitas, ni hablar con nadie. Deberá estar solo, ¿entendido? Y por ningún motivo se le hagan más preguntas, sólo agua, un poco de comida y un sedante para que duerma toda la noche. Mañana averiguaremos cómo llegó a ese estado, su nombre, dirección, etc. Al parecer estuvo metido en algo feo. Algo hizo, pero aún no logramos saber qué. No le quiten el ojo de encima. Esa fue la orden del comisario general.
De repente se despertó, como en una nebulosa, no había ventanas, una pequeña reja arriba, tan alta que no podía alcanzarla, vio las paredes grises, sucias, escritas con mensajes obscenos, y él, en medio de esa soledad, de ese silencio, no quería estar solo, quería volver a su casa, ¿Qué era ese lugar? ¿Quién era él? Y alguien le habló desde lo profundo de sus entrañas todo acabóooo estás perdidoooo te falta algo por hacer y todo habrá terminado” “mataste mataste matasteeeee” “no tienes escapatoria” “culpable culpable culpable”; la voz, la maldita voz, todavía estaba ahí  - “quiero salir de aquí” “ayúdenme” “no quiero morir”- comenzó a gritar “nadie te escucha” “nadie te salvará” “bienvenido al infierno” “jajajajajajajajajajajaa” “sólo te espera la muerte la muerte la muerte” “¡¡¡Déjame déjame en paz maldito!!!! yo no hice nada, tú lo hiciste, tú me obligaste!!!”  “ya estás muerto” “muerto muerto” “¡¡¡Nooooooooooooo nooooooooooooooooo quiero salir quiero salir abránme por favoooor!!!”
“¡¡¡Nooooooooooooooooooooooooo!!!” y al momento se hizo un profundo y negro silencio.
Al día siguiente entraron a la celda, no lo vieron enseguida, no entendían nada, no podía haber desaparecido, de repente uno de los oficiales levantó la vista y gritó: 
-Jefe mire!!! ¡¡¡Arriba!!! ¡¡Dios mío!!! Desde la reja se balanceaba lentamente el cuerpo del joven, con el rostro enajenado, la lengua hacia afuera, los ojos abiertos sin expresión. 
-¿Cómo logró hacerlo?- ¿Cómooo? Bájenlo inmediatamente. 
Lo pusieron dentro de una bolsa negra para llevarlo a la morgue, allí se quedaría hasta que alguien lo reclamase. El calabozo quedó vacío, frío, con olor a muerte, a miedo, en las paredes quedaba el testimonio escrito de los que pasaron por allí. Entre las palabras se podía leer “perra” “policías malditos” “esta noche morirás” “aquí vive el demonio”, pero una de las palabras resaltaba más que las otras, de las letras chorreaba un líquido rojo, como si recién la hubieran escrito y decía “ya estás aquí, bienvenido cerdo”. Un grito espeluznante se dejó sentir en la oscuridad...

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