miércoles, 21 de septiembre de 2011

DEMENCIA



Desde cuándo llegué hasta este lugar, ¿ayer? ¿hace cuánto? No lo sé, ya perdí la noción del tiempo, no me acuerdo de nada, estoy encerrada en un cuarto blanco, todo blanco, no hay ventanas, ni puertas, ni muebles, solo una luz encandilante que proviene del techo. Estoy sola, absolutamente sola; trato de caminar algunos pasos, no sé para qué, no tengo adonde ir. A veces grito fuerte, para que venga alguien, pero nadie me oye. Si existe un infierno debe ser como éste, donde las horas están atrapadas en el tiempo, como un reloj dibujado en la pared; un infierno blanco donde no hay ayer, ni mañana, ni antes ni después. Por qué estoy aquí, nadie me lo dice, solo oigo mi voz, como si en este mundo solo existiera yo. Quisiera dormir, cerrar los ojos, pero una luz incandescente, sin cesar, me encandila, me tortura, mantiene mis párpados abiertos; ¡quiero salir de aquí! ¡ayúdenme! Nadie viene, nadie oye; pateo las paredes, quiero clavarme las uñas, arrancarme el pelo, me desespero… pero algo me sujeta, me contiene; quisiera verme en un espejo, saber como soy, a lo mejor me recuerdo. Mi mente está en blanco, no tengo memoria; no sé si soy hombre o mujer, si tengo un pasado, que fecha nací, de donde vine. Nadie hay que me responda. Soy una cosa, un ente, un ser vivo o tal vez muerto. Grito nuevamente desesperada, pero dentro de mí, me odio, me detesto, si hay Dios dónde está, para salvarme de este limbo eterno, de este túnel blanco sin salida. Quiero arrancarme las entrañas y no tengo manos, no me las veo, están mutiladas… este lugar es asqueroso, fétido, quiero vomitar, quiero ver otros colores, estoy harta de blanco, blanco, blanco; voy a vomitar sobre mí, quiero huir de aquí, correr, correr, correr, traspasar las paredes, que termine esta pesadilla sin fin; si estoy muerta quisiera estar enterrada mejor con los gusanos devorándome. Un incipiente terror se apodera de mi mente, ¿y si estoy viva? ¿Y si estoy loca? Jajajajajajajaaja, eso debe ser, me lavaron el cerebro, me encerraron aquí perennemente. Voy a seguir gritando, aullando a la nada, al silencio, ¡la puta que los parió! No acabará este silencio, esta muerte en vida, enterrada viva en esta cárcel blanca, estoy cansada, agotada de gritar, de implorar, me acostaré ahora acurrucada como un feto, como un ovillo, ya no me moveré más, no quiero saber más, mi mente quedará en blanco…

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