sábado, 26 de mayo de 2012

DESAPARECIDO



Un cuento inspirado en las historias verídicas del programa de televisión Desaparecidos de Discovery Channel. Los personajes y las situaciones son ficticias. Cualquier parecido con la realidad es solo casualidad. Dedicado a todas esas personas que han vivido o viven esta penosa situación de perder a sus familiares, sin encontrar rastros de ellos. 

 "...Esta historia no sé como empezarla, no soy escritora, ni siquiera tengo buena redacción. Simplemente soy una madre, con un hijo, uno solamente tuve, y está desaparecido... 

Y lo que voy a contar se basa precisamente sobre mi hijo, para que lo que deje escrito quede como legado, como ayuda para todos esas madres y personas que han vivido lo mismo que yo. Para que cuando ya no viva, este relato quedará para mis familiares, para todos lo que me apoyaron y vivieron conmigo “en carne propia” mi angustia, mi desesperación, mi impotencia, porque eso es más o menos lo que una madre o un padre sienten en una situación como ésta. En realidad nadie puede saber lo que yo viví, lo que padecí, pero agradezco a todos mis seres queridos y amigos. Se los agradezco en nombre de David y el mío. 

Sí, así se llamaba, mi amado hijo, mi muchacho, mi bebé, David, que tal vez desde alguna parte podrá saber que siempre lo quiero y lo extraño. Para el momento que desapareció tenía trece años, sí, trece, ya no era un niño, pero tampoco llegaba a ser adolescente. Trece años que se esfumaron, en una calle, en algún lugar de este pueblo. Mucho se dijo, muchas verdades y mentiras. Cosas que me hirieron profundamente, mi único objetivo en este mundo fue tratar de encontrarlo, de saber que le pasó, para terminar siempre en el mismo punto de salida. Mi hijo salió de casa y no volví a verlo. Desapareció. Se lo tragó la tierra, se esfumó en el aire. Y mi alma quedó desangrada, destrozada. 

Dicen los detectives que en la desaparición de una persona para investigar su caso, hay que caminar o andar los últimos pasos que esa persona dio, desde la última vez que la vieron; algo así entendí yo. Por eso contaré a mi modo, de la forma más entendible posible lo que sucedió. En este país como en otros de América Latina, hay infinidad de casos de gente desaparecida, sobre todo en Estados Unidos, hombres, mujeres, jóvenes, que nunca más se les volvió a ver ni encontrar. Lo que nunca imaginé, es que mi hijo pasaría a formar parte de esas estadísticas. En un programa de televisión dedicado a estos “missing” o desaparecidos, la historia de mi muchachito forma parte de esa programación, siempre servirá de ayuda para avanzar en la investigación, de repente alguien vio o sabe algo... Nunca se sabe. 

Me olvidé presentarme, me llamo Verónica Santa Cruz, actualmente tengo 45 años; soy cosmetóloga, trabajo por mi cuenta, tengo una buena clientela, económicamente tengo una situación estable. Viviamos en una casa bastante amplia, con jardín, teniamos un perro Sky, teníamos lo suficiente para ser felices. Actualmente estoy en la misma casa, pero sin Sky, que se escapó. Soy separada, Rafael, mi ex-marido me dejó cuando David tenía cinco años. Siempre supe afrontar esa situación de mujer abandonada, ese cambio abrupto me hizo más fuerte, más independiente, perdí todos mis miedos, me encontré a mí misma, pero mi hijo desgraciadamente fue distinto, sufrió mucho a causa de esa falta de padre que nunca se hizo responsable; eso lo hizo madurar precozmente. Se convirtió en un chico bastante rebelde, retraído, con un amargo rencor hacia su padre; quizá también me culpaba a mí por ese abandono, no lo sé, no sería raro y esa es una de las causas por las cuales le costó mucho a la policía creer que la desaparición de David se debía a un rapto, o algo peor, siempre estuvo la duda si David no se había escapado, pero yo se que no es así. Solo no hubiera ido a ninguna parte. Algo siempre me dijo que no fue así. 

Todo comenzó un día de Abril, 13 o 15 no recuerdo bien, esa mañana David se fue a la escuela, estaba terminando su séptimo grado, lo estaba repitiendo, ese día se levantó como siempre sin muchas ganas. 

-David, apúrate que se te hace tarde – le dije golpeando la puerta de su cuarto, siempre se encerraba a oír su música de rock pesado, a navegar en Internet por su computadora. 

 -Ya voy ma, déjame tranquilo. –Salió con sus blue jeans rotosos como se usan a la moda, su chaqueta de cuero negra, tomó su merengada rápidamente. 

 -Querido no vengas tarde – Hoy viene tu tía Doris con tu primo a cenar

 -Ufff!!! Ya séeee, que fastidio!!! - me dio un beso de mala gana. 

 -Hasta luego mi niño, chaíto....... Y esa fue la última vez que vi a mi adorado hijo, rebelde, contestón, rockero, pero era mi hijo, lo único que yo tenía en la vida. La única bendición que Dios me dio. Nuestros diálogos siempre eran así, la verdad no había mucha comunicación, lo consideraba una etapa de su edad; solo una vez tuvimos una discusión fuerte, por motivos que no vienen al caso, luego él amenazó con escaparse, con irse de la casa. Cosas de muchachos, siempre me pareció. Una situación que tuvo muy en cuenta y que sigue teniendo en cuenta la policía que investiga su caso. 

Llegó la tarde, se hicieron las cinco, las seis, las siete... David debería haber llegado a las cinco, podría haberse retrasado un poco, pero ya estaba anocheciendo; me pareció raro, porque con toda su rebeldía, siempre regresaba a casa hambriento, apurado para encerrarse en su habitación. Y ese día no hubo ninguna discusión, todo en él parecía normal, como siempre era. 

Llamé a la casa de Ernesto su amigo más íntimo. –Katty, soy Vero, ¿no sabes si tu hijo y el mío andarán juntos?- - No amiga, Ernesto está arriba, hace un rato llegó de las clases, le preguntaré de todas formas si lo vio y te aviso.- Más tarde me confirmó que salieron juntos del colegio, pero cada uno tomó rumbos diferentes, le pareció que David tomaba el camino hacia su casa. Llamé a su celular varias veces, pero salía desconectado. Cómo alguien no podía saber algo, no vivíamos en un pueblo tan grande. Esto me alarmó mucho más. Algo no estaba bien. 

Para reportar su desaparición era aún muy precipitado, hasta las 48 horas el departamento de Policía no recibe las denuncias. Igualmente me puse un abrigo y salí a la calle, a ver si lo veía, pregunté en el vecindario pero no habían visto nada. Algo empezó a quebrarse en mí, ¿habría ido a casa de algun amigo? Justo llegó mi hermana Doris con su hijo, me abracé a ella desconsolada, no dejó que me venciera el desaliento. Si mi hermana no hubiera estado no sé como hubiera hecho. ¿pero como no sentirme asustada, horrorizada? Tenía un mal pálpito, un horrible presentimiento. -Dios mío, me decía, no me hagas esto, ayúdame a encontrarlo.- 

Entré al cuarto de David para ver si encontraba algo, una nota, cualquier cosa que me indicara. Estaba todo medio desordenado como de costumbre, su compu, su guitarra, sus Cds, pero ni un indicio nada que me dijera algo sobre adónde habría ido. Me largué a llorar, las primeras de mis amargas lágrimas, hoy ya no lloro, se me secó el corazón de llorarlo. Amaneció, yo ni dormí, estuve todas esas horas sentada cerca de la puerta, de vez en cuando salía con la esperanza de ver a David regresar. Decidí ir a avisar a la policía, de todas formas, alguien tenía que escucharme. 

 -Siéntese señora Santa Cruz, cuéntenos que le sucede. Me debe haber visto con mi cara de angustia, ojerosa, vestida de cualquier manera. Le conté al oficial todo, desde que David salió esa mañana, la conversación, hasta el último detalle. Y así comenzó mi calvario, con preguntas, esperas, más preguntas; dos detectives se hicieron cargo de la investigación, los detective Nelson y Rauseo. Empezaron a moverse, a visitar casa por casa, nadie vio nada, nadie escuchó nada. Como si se hubiera desvanecido en el aire. ¿Qué habló con su hijo antes de que se fuera? ¿Qué clase de amigos tenía? ¿No ha hablado con su ex esposo? ¿Quienes eran sus amistades por internet? (refiriéndose a la pornografía infantil y de jóvenes) ¿Está segura que no consumía drogas? esa pregunta nunca dejaron de hacérmela, sabía que algunos de sus compañeros fumaban marihuana, pero yo conocía a mi hijo, David ni siquiera fumaba cigarrillos, hasta donde yo supe... A mi ex no se le pudo encontrar, como si no hubiera existido, como si no hubiera tenido esta familia, creo que hasta estas alturas no sabe todavía que su hijo ya no está más. 

Contemplar la posibilidad de que había sido objeto de un crimen era una de las que tenía más credibilidad. Era un menor de edad, pudo haber sido secuestrado, tanto degenerado suelto, en fin... me niego a pensar en eso. Quiero recordarlo a mi hijo como el último día que lo vi. Eso me motiva a seguir. Poner imágenes sangrientas o violentas en mi mente, me hiela la sangre, tener que imaginarme lo que David pudo haber sufrido en manos extrañas, pidiendo ayuda, no, eso me supera, no tengo valor para aceptarlas. ¿Alguien podrá comprenderme? 

Nuestro barrio fue siempre tranquilo, David tomaba su autobús a dos cuadras, y hasta ese día no hubo ninguna razón de peligro. En estos casos si no hay cuerpo, no se declara muerta a ninguna persona, a no ser que se hallen rastros de sangre, o alguna evidencia que indique violencia. Ellos, los oficiales insistían mucho en “aquella discusión” que no podía ocultar, porque todo, todo hay que referirlo para despejar cualquier duda; no se puede ocultar nada. la personalidad de David, su historia de hijo abandonado, sus amigos, hasta tratar de confirmar si no estaba en las drogas. En casa jamás, jamás, le encontré ningun rastro de droga entre sus pertenencias, si lo hacía no era en nuestro hogar; el era así como todos los chicos, en constante rebeldía, y un chico como él que no tenía esa figura paternal, pero en el fondo era un buen muchacho, solo le faltaba un poco de orientación, ayuda psicológica tal vez, como madre no me era fácil tampoco sacarlo adelante, no me gustaba gritarle, ni negarle lo que él pedía, amor, apoyo y atención nunca le faltó. La pregunta que no concordaba con la supuesta huida de David era ¿con qué dinero podía haberse ido? Unicamente yo le facilitaba para sus gastos de escuela, no tenía libreta de ahorros, ¿hacia dónde pudiera haber ido?, sin dinero, sólo que alguien lo acompañara y le pagara sus gastos. No conocía ninguna persona mayor para que lo ayudara a huir. Eso no tenía sentido. 

A los cinco días de denunciar su desaparición, sugerida por los detectives, empecé la campaña de repartir y pegar volantes con su fotografía y un mensaje que decía: - “David Martin. Desaparecido. Si alguien ha visto a este joven, favor comunicarse al teléfono 824.74......” - Los repartí por todo el barrio, los pegamos en cada árbol, en los negocios, ayudada por mi hermana y otros conocidos. Salieron también grupos de búsqueda por toda la ciudad, por los parques, las plazas, los terrenos baldíos, por el río, con oficiales y perros entrenados, nada se dejó de hacer para hallarlo, no hubo lugar donde no se dejara de buscar. Sus compañeros no dejaron de preocuparse y sé que si alguno de ellos supiera algo no dejarían de notificarlo. E incluso en los terminales de bus, de trenes, mostramos su fotografía. Mi pobre hijo, ¿dónde estaría?  Días, meses, que se fueron sin lograr nada, sin una respuesta, ni rastros de él. Al cumplirse un año, con todos los vecinos organizamos una vigilia, haciendo cadenas de oración, con velas, fotos de David, fue conmovedor, la fe de esos amigos, sé que donde fuera que estuviera mi hijo, lo agradecerá infinitamente. 

Ese mismo año, viví el golpe más fuerte desde que se inició esta pesadilla. Una tarde me llamó Nelson, el detective. 

–Verónica, necesito que venga al departamento, es urgente.- No quiso decirme nada más, no sabía si alegrarme, o alarmarme. Su voz no me pareció optimista. Cuando entre al escritorio de Nelson, sacó para mostrarme una bolsa transparente. 

 -¿Reconoces este móvil? 

 - El celular de David.... - Me desplomé. 

Como madre a esas alturas, sabía dentro de mí que era muy difícil que pudiera estar vivo, y la misma policía me lo hizo entender para que no alimentara falsas esperanzas. Aunque siempre queda una lamparita encendida para que no se quede en nosotros una total oscuridad. – Lo encontramos a diez cuadras de tu casa. Tendremos que revisar sus últimas llamadas, o por lo menos saber cuando fue el último día que lo usó. Al menos nos será de utilidad para poder avanzar algo. En esos momentos solo quería volver a casa, solo quería que me devolvieran el cuerpo de mi hijo, si es que estaba muerto. Poder saber que fue lo que le pasó, que le hicieron. 

No se avanzó mucho con ese hallazgo, su última llamada fue ese día a un compañero de clases pero la había realizado antes de ir para el colegio, o sea que no sirvió de mucho, nada más que para confirmar que su desaparición no había sido voluntaria. Alguien se atravesó en el camino de David... algo le sucedió saliendo del colegio, porque ese teléfono no quedó abandonado allí por casualidad, era como el otro yo de David. Nunca lo perdía ni se separaba de él. 

Llamadas al departamento hubieron siempre, muchas, correos electrónicos, “que lo vieron por no sé que calle”, “que creyeron ver a un chico muy parecido a él en otra ciudad cercana”, pero pocas tenian, credibilidad ni coherencia; todos querían encontrarlo, los medios de comunicación colaboraron mucho, radio, prensa, televisión. Mi casa hasta hace dos años era una invasión de periodistas, de fundaciones de ayuda, todo por David. Ya nadie lo creía vivo y yo tampoco, mas no dejarían de buscarlo. Cuando la gente se une por una causa como ésta, es lo que motiva a seguir viviendo, a luchar, a no bajar los brazos. Mi hijo se lo merecía. Llamadas así no dejaron de haber, pero hubo una.... 

Una que me convenció casi totalmente, y así y todo me resisto a creerla, de tan tenebrosa que parece. 

A los dos meses del encontrar el teléfono, me llamó Nelson, pobre Nelson, ya era como parte de la familia, un poco más que Rauseo, Nelson se lo tomó muy a pecho, teníamos grandes charlas, ese dolor nos unió como amigos claro, sentía que él quería protegerme. Sentía que conocía a David como a un sobrino. Un corazón enorme tiene ese hombre, porque hoy seguimos siendo grandes amigos. Me llamó al mediodía, -Verónica tiene que venir a la delegación, es importante-  -Dios me dije, que habrán encontrado?- Al entrar a la oficina estaban Nelson y Rauseo sentados en el escritorio, y al frente de ellos una mujer, que yo no conocía, me la presentaron como Laura Santander. Ellos deseaban hacer la interrogación en mi presencia. La mujer era de mi zona, nos contó el siguiente relato. 

 -Ese día, el 14 de abril, yo fui a visitar a una amiga que vive en la calle Libertad (a cinco cuadras de mi casa), iba caminando y me llamó la atención ver a un hombre hablando con un muchacho. 

 -¿Cómo era el hombre? Preguntó Rauseo 

 -Era un tipo como de 50 a 60 años. Llevaba puesto un abrigo medio gastado, y tenía puesto un gorro, parecía de piel; lo vi de costado hablando con el joven

 -¿Qué le llamó la atención de ese hombre y el muchacho? 

 -No sé, ustedes me irán a decir que estoy inventando, pero había algo en el hombre que me parecía raro.

-¿Pudo ver si era una conversación forzada? ¿El hombre estaba maltratándolo? 

 -El viejo estaba agarrándole el hombro, como sujetándolo. Pero tampoco puedo asegurar de que lo estuviera forzando

 -¿Recuerda como estaba vestido el menor? 

 -Creo que tenía puestos unos bluejeans y una campera 

-¿De qué color? - La escudriñó Nelson 

-Estoy segura que era una campera negra

 Cuando escuché esa parte, cerré los ojos, coincidía con la ropa que tenía puesta David el día que desapareció. 

 -¿Puede decirnos algo más sobre lo que vio? ¿Algo que pueda ayudarnos? 

 -No, oficial, estoy tratando de recordar; después yo seguí unas cuadras más para ir a la casa de mi amiga. Salí de allí como las 7 de la noche. Después me olvidé del asunto. Y me fui en un taxi. Cuando vi en el programa de televisión la historia de este chico, me acordé de ese día, porque el lugar que mencionaban donde desapareció, era el mismo donde yo había visto lo que vi; el rostro del chico no pude verlo, estaba de espaldas, pero era de pelo castaño como el hijo de la señora

La mujer terminó su historia así. La policía no sabía cuanto de verdad o mentira podía haber. Y así se quedó. Como un testimonio más. Hubo más investigaciones, pero por la descripción que hizo del hombre no concordaba con nadie que viviera por esa zona. Lo único que parecía certero era la descripción del menor, su ropa, su pelo; pudo haber sido David. 

Y pensar que eso ocurrió a pocos metros de casa.... Nelson y Rauseo no se atrevieron a decirme mucho más, sus miradas lo decían todo. No deseaban sepultar mis últimas esperanzas, que era inconcebible lo sé, pero sin encontrar el cuerpo.... La única certeza es que lo que le pasó a mi hijo es algo que ninguna madre quisiera confirmarlo, Nelson y Rauseo me acompañaron a casa, fuimos en silencio, ese día creo yo fue el capítulo final de mi calvario. 

Ya han pasado cinco años de esta página negra de mi vida, hoy David hubiera cumplido dieciocho años, su cuarto está igual, no le he cambiado nada, y así seguirá, su cama hecha, sus afiches en la pared, su computadora, su guitarra intacta, sus libros, su cuarto lo espera siempre... a ese hijo que un desconocido o desconocidos me arrebataron, ese hijo que siempre anhelo encontrar, porque eso sí, todos los días me asomo a la puerta, por si acaso no se ve venir desde lejos a mi muchachito insolente y desgreñado, hecho ya un hombre. Converso con él todas las noches; muchas ocasiones he soñado que me habla, que me dice no me preocupe, que está bien. 

Quizá un día de éstos se abra la puerta y entre corriendo la razón de mi vida dando un portazo, con su voz de niño traspasando el umbral de la pubertad, – Máaaa, ¿que hay de comer?- No dejo de hacer su plato favorito, pasta a la carbonara y su postre preferido para su cumple, torta de chocolate con nueces.. Eso es lo que me gusta imaginarme, que David nunca se fue, que todo fue un largo sueño, del que ya quiero despertar. Porque soy una madre que no baja los brazos, ¿qué madre lo hace? Pudieron haberse llevado a mi hijo, pero jamás me verán derrotada, soy una madre que sigue repartiendo volantes y recorriendo las calles, preguntando a cualquiera que pueda recordar... buscando hacer justicia, porque si hay algún culpable, no quedará impune, así pasen todos los años que tengan que pasar. 

Ese momento llegará, estoy segura, sonará el teléfono y mi valiente amigo Nelson me dirá: - Vero, lo encontramos...; hallarán sus huesos que esperan ser descubiertos en algún lugar recóndito de este pueblo, porque no puede estar muy lejos de aquí, y David podrá tener cristiana sepultura, y le llevaré flores cada domingo. Y ese día, sólo ese día cuando lo encuentren, descansará mi corazón en paz..."

ENGENDRO



Un relato de ciencia ficción 

Lo vio cuando estaba tomándose un café; era uno de esos días insoportables, de un calor agobiante, un sábado aburrido como ningún otro, sin tener con quien hablar, con quien salir; lo miró disimuladamente sin que él lo advirtiera; era un tipo fascinante, de una belleza masculina que solo se pueden encontrar en las revistas, en el cine, en las fantasías de una mujer menos en la vida real; unos ojos tan grandes y oscuros que provocaba ahogarse en ellos; su barbilla cuadrada, su perfil griego, sus brazos musculosos. 

Era Apolo en persona. No podía dejar de mirarlo, hipnotizada, hechizada, hasta que sorpresivamente el encontró su mirada. Seguidamente volteó el rostro tratando de esquivarlo, pero era tarde, él lo había advertido y sonrió divertidamente. Marian continuó bebiendo de a pequeños sorbos su café, nerviosa, deseando correr hacia la puerta; al levantar la vista, observó que él venía directo hacia su mesa. Demasiado tarde. Ya estaba allí presentándose, tendiéndole su mano, se sentó a su lado, de repente entendieron que no había mucho de qué hablar, ambos mirándose desearon lo mismo, se dijeron con los ojos lo mucho que se deseaban, sus miradas se desnudaban, se absorbían, se comían, ambos sabían que necesitaban estar en un solo lugar para decirse sin palabras lo que sentían; de allí salieron juntos, apurados, a cualquier motel que los cobijara; era loco el asunto pensaba Marian, quería sentirlo, entregarse a él, acariciarse, devorarse... 

Era lo único que tejía en su mente, un deseo incontrolable, voraz, y de él respiraba el mismo deseo, sus manos lo confirmaban, la apretaban, querían meterse debajo de su ropa, la misma lujuria los estaba dominando. El tiempo se hacía interminable para caer en esa cama. Después de todo no era tan anormal esa situación, antes había hecho el amor con algunos de sus amigos, solo que este hombre “salido de la nada” despertaba en ella algo insaciable, lo que ningún otro había logrado. Tenía unas ganas locas de follar. Del futuro no tenía idea, ¿a quién le importaba eso ahora? Quería llegar a esa habitación y poder apagar esa sed que secaba su cuerpo... 

Cerraron la puerta para quedarse aislados del mundo, de la gente, del ruido, de la realidad... él comenzó a desnudarla, a meter sus manos dentro de sus pantys, ella desprendía su bragueta; en milésimas de segundo estaban en la cama sin deshacer, haciéndose el amor, gozando de su piel, de sus sentidos, besándose, lamiéndose, mordiéndose... la excitación crecía, su lengua acariciaba sus labios vaginales, arrancándole orgasmos pequeños después intensos; con el sudor de sus cuerpos se unían aún más; el éxtasis total, el placer indefinible, su ardiente apolo lamía sus pezones con suavidad, con ardor, los mordía hasta hacerla gritar; lamía su vientre, volvía a pasar su lengua por su vagina voluptuosamente, la llevaba al límite del placer y todavía más, no podía dominar su mente, ni sus sentidos, cuando la penetró el techo daba vueltas, era un orgasmo exquisito, doloroso, que atravesaba su ser, sus entrañas, le pedía que no terminara, que continuara, que siguieran así como estaban contoneándose lascivamente, era una lucha por darse placer; no era amor aquello, era una lujuria total, incontrolable y extraña a la vez... era el cielo y el infierno... 

Cuando abrió los ojos no se acordaba de nada, se vio desnuda, perdida entre las sábanas húmedas, que tenían olor a sudor, a sexo ¿estaba viviendo un sueño o una realidad? Un vago recuerdo llegó a su memoria, sí, ahora lo recordaba, había estado allí con ese hombre, tan apuesto, ¿qué locura la llevó a terminar con ese desconocido en ese motel? ¿tan loca estaba? Y del fulano no había ni rastros, desapareció en la nada de donde vino... ¿Cómo se llamaba? Sergio, Pablo, Pedro .... qué importancia tenía, no recordaba ni cuando se había quedado dormida, ni lo que habían hablado; -sí seguro que fue un sueño- intentó converse a sí misma. – Un sueño loco, lascivo, peligroso- Quiso correr de allí súbitamente, volver a su apartamento, ducharse, arrancar de su piel ese “sueño” que todavía la acariciaba... que todavía le arrancaba deseos de más... Quizá no volvería a verlo, no supo si lamentarlo o darle gracias al Cielo. 

Hacía un mes y medio que no le llegaba la regla, Marian no quería pensar en eso, seguramente sería un retraso, un simple retraso, algunas veces le había pasado. Pero algo la inquietaba, ¿y si lo fuera? ¿qué haría? ¿cómo lo afrontaría?; es verdad que no tenía padres, pero tenía amigas, conocidos, su trabajo; el aborto era una opción... Primero debería estar seguro, cruzó a la farmacia que estaba a dos cuadras y pidió la prueba de embarazo. 

Le temblaban las manos, rezaba porque fuera negativo, porque todo volviera a su normalidad, se encerró en el baño como si alguien la persiguiera y procedió a hacerse la prueba. Regresó a la cocina inmediatamente para esperar a que saliera el resultado, se preparó un café, se refregaba las manos, apretaba su vientre, se mordía los labios, que saliera negativo, y sino qué? Al rato entró a ver que color marcaba el aparatito, si rojo o azul... tragó su saliva como si hubiera tragado veneno, era positivo... maldición... maldición... esto no podía estar pasando, un ser en su vientre, un ser concebido en una noche de locura, de éxtasis, con un perfecto desconocido, impresionantemente bello, pero un perfecto desconocido... No tenía otra opción, pediría cita con el doctor al día siguiente, y que fuera lo que Dios quisiera. Desechó el aborto, en el fondo de su alma sentía una ilusión, una nueva vida empezaría a crecer dentro de ella, un hermoso bebé, quizá sería parecido a ese extraño que la penetró, que la poseyó, porque más que hacerle el amor, la poseyó como un animal sediento de su cuerpo, de su piel, de su sangre... ese bebé sería el recuerdo de esa locura de una noche extraña. 

-Sí Marian, efectivamente, estás esperando un bebé. Te felicito. A partir de ahora tu vida cambiará, deberás alimentarte bien y cuidarte para que tu niño crezca fuerte y sano. Ya puedes darle la noticia a tu esposo y a tu familia. 

La nueva madre le explicó que sería madre soltera; salió del consultorio, entre alegre e inquieta; a partir de ahora no sería la misma, tenía un motivo para salir adelante, muchos sueños comenzaron a anidarse en su loca cabeza. Su primer impulso fue pasar por una tienda de bebés para comprar una ropita y algún juguetito. 

Y pasaron un poco más de cuatro meses, su barriga no había crecido demasiado; su embarazo no lo estaba llevando bien, según las experiencias que le contaban sus amigas madres, con el de ella no tenía mucho en común. No tenía náuseas, ni calambres, ni antojos; una noche sintió como si le clavaran dentro mil cuchillos, era un dolor inexplicable, que la hizo retorcerse de dolor, se paró como pudo y llamó al médico pero no estaba en ese momento. Después no lo volvió a sentir, no se lo contó a nadie, quizá no todos los embarazos eran iguales. Quería ver ya a su bebé, quería que terminara el tiempo del embarazo, tenerlo con ella y amamantarlo. En todas las consultas que había ido a su médico, el ginecólogo le preguntaba si se alimentaba bien, si no tomaba alcohol o drogas, si seguía los cuidados que él le había ordenado.  

-Vamos a hacerte una ecografía para ver cómo está tu bebé. Porque ya deberías haber aumentado de peso, más bien te veo más delgada, tu vientre debería estar un poquito más abultado . 

Marian se acostó en la camilla mientras el médico la preparó para auscultar su vientre. En la pantalla se observaba movimiento, se sentían los latidos. -Allí está tu primogénito. Parece muy intranquilo. Se mueve mucho, es raro. Su corazón late muy aprisa. Extraño... 

-¿Está todo bien doctor? – quiso saber Marian 

-Si está bien creo, solo que quisiera hacer más pruebas, para estar seguro. El doctor no quiso preocuparla más; algo no marchaba bien en esa pantalla, el feto se movía como si quisiera salir de allí.... – Vuelve en dos semanas para hacerte otros exámenes   

Había pasado una semana desde que fue al consultorio; una noche mientras se preparaba una ensalada, sintió repentinamente ese “dolor” horrible, ése dolor que quería “comerla” por dentro, que la partía en dos, vio que salía un líquido acuoso corría por sus piernas, un líquido verduzco...maloliente; no puede ser... ¿será que lo perderé? Pero su vientre también se movía, el bebé pateaba, sentía que quería atravesarla, salir de adentro como fuera e incluso le pareció ver uno de sus piecitos dibujarse en su piel... Llamó al doctor Montt gritando, llorando, sin poder controlar esa tortura que mordía sus entrañas. 

-Trata de llegar como puedas a la clínica, estaré allá en unos segundos para revisarte- 

–Doctor creo que el niño quiere nacer- 

-¡Marian por Dios, nada de eso, posiblemente sea una amenaza de aborto, ven enseguida!- 

El taxi la dejó a la entrada de la clínica; la estaban esperando unas enfermeras con la camilla, la acostaron, mientras que el doctor Montt estaba preparando en el quirófano por si todo terminara en el aborto. Ya sabía él que había algo anormal allí, no era un embarazo común. Pobre chica, tantas ilusiones que se había hecho, pero más adelante tendría oportunidad de concebir, cuando superara su depresión. Nunca pudo arrancarle el nombre del padre de su criatura. Lo hubiera necesitado ahora, y él hubiera querido también hablar con él, para poder tener indicios de los genes de ese ser que iba a vivir o a morir. 

La trajeron mientras la chica se retorcía como una fiera, sus movimientos eran serpenteantes; gritaba desesperadamente pidiendo auxilio; examinó su vientre, ¿le pareció estar loco o la piel se movía? Como si quisiera salir hacia afuera el abdomen aumentaba de tamaño, arrancando a Marian gritos espeluznantes . 

-¡¡¡Doctor ayúdeme por favooor!!! No lo soporto, ¡¡¡me está matando!!! ¡¡¡sáquemelooo!!! ¡¡¡por favooor ayúdemeeee!!! – 

-¡Preparen todo, vamos a practicar el aborto! - - Lo siento Marian, pero eres tú o ese bebé, lo siento, tengo que sacártelo- 

Abrió las piernas de su paciente, para iniciar lo inevitable, pero repentinamente al mismo tiempo Marian comenzó a pujar de una forma incontrolable, inconsciente. 

-¡¡¡Que estás haciendo, quédate quieta!!!! , ¡¡¡no te muevas, no pujes!!! 

 -¡¡Doctor no soy yo, el bebé quiere salir de mí!!!! ¡¡¡Aaaayyyyy!!! ¡¡¡Ayúdenmeee!!!! 

-¡¡¡Es imposible, ¿que dices? ¡¡¡no hay ningún bebé que nazca a los cuatro meses!!! 

Pero Marian continuaba pujando, esa criatura o lo que tuviera allí dentro, quería salir a la luz sin ayuda de nadie. La madre continuaba gritando como si la estuvieran apuñalando, tuvieron que amarrarla con unas correas para que no se arañara, ni se arrancara el pelo, su cuerpo se movía como una serpiente. De repente de su vagina abierta algo comenzó a asomarse... 

Despertó después de muchas horas en su habitación, con la misma sensación que tuvo cuando se despertó aquella vez en el motel, aquella noche cuando su extraño le hizo el amor, sintió que un placer infinito y delicioso penetraba su cuerpo; ahora al despertar, recordó como si todo el suplicio de este mundo hubiera despedazado sus entrañas, sus órganos; se sentía débil, sin fuerzas, agotada, se preguntaba que habría pasado, ¿lo habría perdido? Palpó su abdomen, ya no sentía nada, pero un tormento más fuerte que el de su embarazo creció en su alma, ¿habría sobrevivido? no quería perderlo, era lo único que le importaba en esta vida. 

A las pocas horas entró el Dr. Montt. 

-¿Cómo te encuentras Marian? ¿No sientes dolores?, esperaremos un poco para que puedas tomar algo. Tienes que descansar ahora, necesitas mucho descanso. Le diré a la enfermera para que te aplique otro sedante. 

-Doctor, ¿qué pasó? ¿Perdí al bebé? Por favor dígame, no recuerdo nada. 

Por los ojos del galeno se cruzó una sombra que Marian advirtió. Algo no estaba bien. 

-Hija mía es mejor que olvides todo esto... Piensa en tu recuperación para que puedas volver a casa. 

-Doctor, ¿qué sucede? No me oculte nada. Creo que no está siendo sincero. 

-Ya hablaremos Marian, cuando estés mejor, te lo prometo. 

- No, nada de eso; quiero hablar ahora, ¿que pasó con mi niño? 

- Es muy difícil explicarte, el niño nació pero..

-¡Quiero verlo! Por favor doc, quiero verlo!!! Lléveme donde está. ¡Mi niño, mi niño!  

- Creo que no deberías hacerlo, créeme mujer, no lo entenderías. 

- Se lo estoy pidiendo, se lo ruego, se lo ordeno. –Marian sintió que se descontrolaba- ¡Quiero ver a mi hijo! 

- Como tú quieras, pero quiero advertirte que correrán de tu responsabilidad las consecuencias de lo que veas. 

Marian sin hacerle caso, se levantó lentamente, agarrándose aún el dolorido vientre, apoyándose del médico, que la llevó a un cuarto que no era la sala de recién nacidos; seguidamente escuchó un fuerte sonido, que no era llanto, pero si solo tiene cuatro meses, ¿ qué sonido puede producir?; ¿qué tamaño tendría?, de repente el miedo la paralizó. ¿Qué había parido? En el cuarto, dentro de una cuna envuelto en una cobija de algodón algo se movía inquietamente; la joven no se atrevió a avanzar, miró al médico y volvió a mirar la cuna. Al acercarse, fue destapando cuidadosamente la manta y al mirar lo que había dentro lanzó un grito, un aullido inhumano que llenó todo la habitación, todo el edificio. 

-¡¡¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!! ¡¡¡¡Noooooooooooooooooooooooooo!!!! 

Dentro de la manta se movía el ser más horroroso, inhumano, inmundo, que nadie pueda haber visto jamás. De un tamaño ni muy pequeño ni muy grande, con unos ojos que no eran de este mundo, sin párpados, sin pupilas, de un color profundamente negro, eran impenetrables... unos ojos vidriosos, malignos, aterradores; su piel verduzca, gelatinosa, pegajosa, movía eso que parecía ser una boca, que abría para asomar unos como diminutos dientecitos, como queriendo morder lo que fuera; la chica retrocedió aterrorizada, no quiso mirar más, no podía creer lo que había visto. No quiso saber como era el resto de su cuerpo. Esa cosa no era de ella, no era cierto, le habían mentido. Se abrazaba así misma. Lloraba desconsolada. 

- Marian, lo lamento querida, por eso no quería que lo vieras. Esto no tiene explicación alguna. No se qué es lo que concebiste; no es tu culpa; no te preocupes, no está sola. Lo único que puedo asegurarte es que jamás había visto algo así en toda mi carrera de profesional; me gustaría que habláramos más sobre esto, sobre el “padre” de ese “niño”, o sobre tus anteriores relaciones; por ahora solo en ti está la decisión, si deseas que lo sacrifiquemos. Lamentablemente en esas condiciones nadie aceptaría adoptarlo, ni siquiera una institución pública. Esto tampoco puedo callarlo por mucho tiempo. Cuando este caso salga a la luz, vendrán los medios de comunicación. Y tampoco sé como será su desarrollo, seguramente llegará a ser objeto de investigaciones, un animalito de laboratorio. Unicamente tú puedes darnos la autorización para que siga viviendo o no. Si decides eliminarlo, nadie te culpará, no puedo asegurarte cómo será el futuro de tu “niño”... 

Salió al pasillo sin querer oír más, queriendo olvidar lo que había visto, lo que ella había “parido”, recordó cómo lo había engendrado, con quién lo había concebido. ¿Quién había sido realmente ese extraño? ¿De dónde había salido? Un escalofrío hizo la hizo temblar. ¿Era del infierno? ¿Era de otro planeta? Nunca pudo notar en él en esa noche algo raro, era o parecía totalmente un ser humano. Tal vez nunca lo sabría. Solo sabía que allí en envuelto en esa manta, pateaba la criatura más espantosa, producto de una noche de sexo y lujuria, un engendro que aullaba para ser alimentado, amamantado, amado... un pequeño ser abominable, como salido del averno, que creció y salió de sus entrañas de una forma científicamente inexplicable. 

Lo cierto es que esa criatura era su hijo. Le pedían que diera autorización para eliminarlo, para matarlo. Volvió a entrar al cuarto, mientras nadie la veía, quería verlo nuevamente, aún se movía tapado en su sabanita; allí gemía ruidosamente, como llamándola, abría su pequeña garganta donde parecía albergar una cueva oscura, sus ojos al verla, creyó observar que en su boca se dibujaba una sonrisita cruel, perversa, ¿lasciva? estiró sus manitos, de dedos extraños, como diminutas garras, ella se sentía reconocida, el engendro sabía que era su madre, quería prenderse de ella y alimentarse de su leche, estiraba sus manitos buscando sus pechos, reclamándolos furioso. 

Marian, cerró los ojos, era su decisión, esa cosita era monstruosa, era demoníaca, era asquerosa, pero era su hijito; no podía matarlo; era de ella, de su sangre, de sus entrañas; lo tomó entre sus brazos y la criatura abominable calló, dejó de gemir. Se arrimaba a ella, buscaba inquietamente sobre su blusa abriendo su boquita insaciable de hambre. Lo envolvió dentro de la cobija y comenzó a caminar despacio, avanzando por el pasillo hasta la salida. Tomó un taxi que la llevaría a un destino lejos de allí, muy lejos, donde nadie la reconociera, sólo ella y su pequeño engendro....

DELIRIUM



Me llamo Esteban. Tengo cincuenta y cinco años, vivo solo, completamente solo. Soy un alcohólico. Dije que vivía solo, mentira. Vivo con mi única compañera mis botellas de whisky, de ron, de brandy, la que tenga más a mano. Una vez lo tuve todo, mi estudio de arquitecto, mi mujer Joanna, mis hijos, Corina, Alejandro y Sebastián. Eramos la típica familia feliz, ideal, eramos la envidia de todo el mundo; pero ya se sabe que eso es una falsedad, una falacia; no hay parejas ideales, ni el amor es eterno. Bueno, ya sé, lo confieso , la culpa fue mía, metí la pata, un día conocí a Vera, y todo se fue al carajo; de eso hace una eternidad, toda una vida se ha ido, diez años, mis hijos ya son unos hombres, mi hija una chica hermosa, casi no los veo, la madre desde que nos separamos les calienta la cabeza de este "monstruo" que la hizo infeliz, que le arruinó la vida. Seré una porquería me imagino, ¿seré el único que ha metido la pata? ¿el único que le ha metido los cuernos a su mujer? No soy Superman, ni San Francisco de Asís, soy Esteban a secas, empinando el codo todos los días. Vera me volvió loco, lo asumo, era la mejor amiga de Joanna... la puta, sí, metí la pata, me tuve que ir a enamorar, mejor dicho a calentar, porque fue una calentura, nada más, lo juro, me fui a fijar justo en su mejor amiga, Vera era algo despampanante, una diosa, con un cuerpo escultural, hacía tiempo que yo sentía que me miraba, a veces estábamos sentados en la mesa y disimuladamente hacía gestos sensuales que me hacían sudar frío, se pasaba la lengua por los labios, se llevaba la frutilla a la boca, se pasaba los dedos por los senos, ay .... no pude soportar más esas insinuaciones.... terminamos en un motel y repetimos varias veces las escapadas; vaya amiga que tenía Joanna.... 

Y así fue como empezó el principio del fin. Mi mujer, bah, mi ex, nunca se acostumbra uno, mi ex al fin se enteró, no sé cómo, si nos vio, si se lo contaron, total que un día me vi con las maletas en la calle. Le pedí perdón hasta el infinito, lloré como un chico, no hubo caso, me mandó a la porra; Vera por supuesto se hizo humo... Y así llegué hasta acá, a esta cueva oscura que tengo de apartamento. Perdí la noción del tiempo después del divorcio, porque por supuesto mi ex presentó la demanda al día siguiente. Le tuve que dejar la casa, mi auto, me quedé sin nada, solo con una depresión brutal. Como todos los divorciados. Yo la quería, de estoy seguro, algo la quiero todavía, pero no sé que me pasó. No tengo perdón, lo sé. Para colmo en el trabajo estoy casi arruinado, esa es mi vida, sin un motivo para seguir , para luchar, yo solito me cavé la fosa, así es como llegué a donde estoy. 

Ahora estoy en este túnel sin salida, al cual ni idea como llegué, excusas no me faltaron, ¿en dónde, en quién podía ahogar tanta amargura, aflicción, impotencia, remordimientos? Nunca había tomado mucho, solo en fiestas, pero así es como se empieza, una copa un día, dos otro día, tres ... y así sucesivamente. Quise dejarlo una vez, fui a la triple AAA, estuve como una semana, no probé un trago en ese tiempo, pero no aguantaba, la mujer que limpia me escondió las botellas para que no cayera. No soporté, me fui a un bar, le pedí una copa al barman, me la llevé a los labios para sentir el olor a whisky, empecé a sudar, las gotas se asomaban a mi frente, me temblaban las manos, me la llevé a los labios para remojarme un poquito, y probé... Al carajo AAA, me lo empiné todo, después otro trago, después otro, le pedí al tipo la botella. Así reinicié mi romance con el alcohol. De eso hace como un año, hoy soy un cero a la izquierda, no tengo voluntad ni para lavarme los dientes. Me desayuno con ron, almuerzo con vodka, ceno mezclando todo, hasta perder el sentido. De vez en cuando me traigo alguna zorrita para tener un cuerpo de mujer a mi lado, y después que se va me quedo con la botella que tiene también cuerpo de mujer, me calienta más. Pero de un tiempo a esta parte me suceden cosas raras, oigo voces extrañas, a veces veo bichos raros, inmundos, que caminan por la pared, por el cuarto, salen de la poceta del baño, me subo a la cama y ni loco me bajo de ahí, les tengo pánico, pero siento que quieren subirse. Voy a gritar, quiero gritar, pero no puedo, se me cierra la garganta, me paraliza el terror, el asco, la muerte. 

Ahora mismo que estoy pensando en todo esto, que está saliendo la luna, que todo se va tornando oscuro, me entra ese pánico, ese miedo frío que me sube por la punta de los pies hasta los ojos; me quiero esconder en alguna parte, este lugar me aterra, todo me aterra, no quiero entrar a mi cuarto porque seguro que ahí están las arañas, los alacranes, las cucarachas, las víboras, tengo terror de estar solo, tengo terror de mí mismo. Y ahí esta la botella esperándome en la mesa, en un bar, en una vidriera, ella depende de mí como yo de ella, haciéndome insinuaciones de puta, contorneando su cuerpo lleno de líquido tibio, de alcohol, ofreciéndome el sexo de su pico para chuparlo, saborearlo, y hacerla mío. Sabe que la necesito, que no puedo vivir sin ella, si la dejo vuelve, me encuentra en cualquier esquina, en cualquier bar, me sigue, no me dejará en paz nunca, me robó la voluntad de vivir, de trabajar, de sentir. Sabe que soy un cobarde, un miserable, un fracasado, un bastardo, que se arruinó la vida, que se la arruinó a los demás, sabe lo que soy, que soy algo nulo, sabe que soy Esteban a secas, ahogado en litros de caña, sabe que soy una basura, un alcohólico...

DEL PASADO





Ahí estaba otra vez frente a ti, viéndote a través de la bruma de los años, como si no hubieran pasado, tuve miedo de saber que todo aquello ya estuviera muerto. Te miraba hablar y comprendí tantas cosas, toda una vida pasó frente a mí, como una película. Recordé el día en que te dejé, el día que te dije adiós, dejándote parado en el umbral; me fui casi corriendo, tragándome las lágrimas, te dejé porque entre nosotros estaba todo dicho...eso pensé aquel día. Me alejé, y fue la mayor estupidez. ¿Cómo saber que lo comprendería quince años después? Allí estabas, tú, el hombre de mi vida, con el que escribí una historia, al que quise, al que amé, al que perdí... El que los años regresaron, quien sabe por qué. Lloré intensamente por ese tiempo que se fue, el que desperdicié por ir tras ilusiones, tras sueños estúpidos, de los que solo recogí mala siembra. 

Hubiera querido detener ese momento, esas pocas horas que podía estar a tu lado; siempre fue así, las horas siempre han sido cortas para estar contigo, y el tiempo de esperarte fue eterno. Tu beso no se hizo esperar, ese beso dulce de antaño que abordó mi boca, que me hizo revivir el primer beso que me diste, ¡aquel beso! sentí el sabor de tu amor, ese que estuvo siempre para mí, seguías siendo tú, el de un pasado extinto que volvía a despertarme; ¡siempre tú!, ¡siempre tú en mí!. Ni los años, ni el olvido te vencieron. No pude eternizar el beso, tuve miedo de descubrir que aún te amaba, que te había perdido por nada...Y ya es demasiado tarde para mirar al futuro, quizá me quede esto solo de ti, un reencuentro que me hizo llorarte aún más, amor de mi pasado. 

Fuimos caminando esa tarde y tomaste mi mano, así como lo hacías antes, fue una pequeña felicidad que retornó, que me hizo sentir viva nuevamente; en estas horas muertas y desoladas a las que regreso siempre, todavía el calor de tu mano y la calidez de tu boca, me recuerdan que estoy viva, mas no puedo evitar tragarme otras lágrimas. Ya estoy aquí de nuevo, a setecientos kilómetros de distancia, queriendo rescatar esas horas, pero ya ves, el destino siempre me aleja de ti, solo me deja la angustia de no saber si te volveré a ver. Quizá por eso algún día me fui, porque todo siempre fue así... Encontrarte, perderte, reencontrarte, volver a perderte. Y el corazón se desangraba con esas heridas de tus ausencias. 

Del pasado y al pasado te me vas, allí incólume te quedas, esperándome tú a mí, y esperándote yo, porque esta vez no me voy; me quedo a la espera de otro reencuentro que me devuelvan tu beso, tu voz, aunque no vuelvas, aunque me eternice esperando, en ese pasado vivo y muero junto a ti, oyendo el sonido de un vals, el que me unió a ti, mi amigo, mi amante, mi compañero, mi amor. Es poco el tiempo que nos queda, solo nos acompaña el recuerdo y las horas de un pasado que vuelve a hacerse hoy. No querré irme de ti, nunca más, eres...eres... sigues siendo... te llevé oculto, hoy quiero sacarte a la luz, que sepa todo el mundo lo que eres... un pasado dormido que hoy revive mi corazón, que hoy regresa a mí por esas cosas incomprensibles de la vida, no te irás al ayer, lo sabes y lo sé, no te irás....