martes, 13 de julio de 2010

SECRETO DE CONFESIÓN - 1ER CAPITULO - CUENTO GENERO POLICIAL



El sigilo sacramental es inviolable. El confesor que viola el secreto de confesión incurre en excomunión automática. La Iglesia Católica declara que todo sacerdote que oye confesiones está obligado a guardar un secreto absoluto sobre los pecados que sus penitentes le han confesado, bajo penas muy severas. Tampoco puede hacer uso de los conocimientos que la confesión le da sobre la vida de los penitentes.
El Código de Derecho Canónico, canon 983,1 dice: «El sigilo sacramental es inviolable; por lo cual está terminantemente prohibido al confesor descubrir al penitente, de palabra o de cualquier otro modo, y por ningún motivo».



http://www.seudexativa.org/Noticias/2005/03/SecretoConfesion.htm


15 de Mayo de 1.955


Ese día parecía ser extremadamente caluroso, hacían 38º pero se sentía el aire demasiado caliente, el verano había llegado prematuro e implacable. El pueblo tenía un aspecto desolado, el pavimento parecía derretirse con el sol refulgente. Era lunes, pero parecía que nadie tenía ganas de salir a trabajar, a cumplir sus obligaciones. Por un momento vio las calles desde el ventanal de su pequeña oficina, una soledad absoluta, ni siquiera había pasado el autobús de las 8. Le dio la impresión de encontrarse en un pueblo fantasma, de ser el único ser en el mundo. - Bueno basta de tonterías - , se dijo – a dar gracias a Dios por este nuevo y caluroso lunes y a empezar.

Se levantó con pesadez y un fuerte dolor de cabeza; tenía que programar la agenda de ese día, revisar la correspondencia la misa, la reunión con los grupos de la parroquia, la entrevista con el Obispo Carrión. Inés, su secretaria le había pedido permiso para faltar esa mañana, para solucionar un problema personal. Bueno, antes que nada, se prepararía un café bien fuerte para darse un poco de ánimo e iniciar su batalla, su lucha diaria; hacía quince años había jurado sus votos sacerdotales, había momentos que deseaba tirar la toalla, cuando los problemas se juntaban, cuando la soledad le pesaba demasiado en sus espaldas, pero en su interior llevaba esa fuerza, esa convicción que no lo dejaba caer. Su familia le había dado la espalda al principio, recordó, pero, su madre se mantuvo a su lado, siempre contó con su apoyo y desde el cielo sabía que lo seguía bendiciendo y protegiendo. El padre Gastón era un ser sensible, de un corazón muy generoso, con creces había sabido ganarse el cariño y el respeto de sus feligreses. Con el obispo habían tenido algunos roces, pero su humildad no lo dejaba perder nunca su ubicación. Siempre callaba, nunca se quedaba con la última palabra.

La cafetera empezó a chillar, fue a la cocinita, se sirvió en su tacita china el café bien caliente como le gustaba y sin azúcar. El clérigo fue hacia su escritorio abarrotado de papeles, donde lo esperaba infaltablemente su caja de cigarrillos; -ese era el único pecado que no había podido vencer, al menos por ahora- Sobres, cartas, facturas, mmmm, facturas, prefería no mirarlas por ahora, que se encargara Inés cuando volviera mañana. Tenía una hora para programar. Después lo esperaba el confesionario, la obligación ineludible de su amada vocación. El deber sagrado de todo sacerdote, perdonar los pecados para redimir las almas atormentadas y pecadoras. Por lo general se quedaba una hora, según la gente que estuviera esperándolo, pero no se levantaba de allí hasta terminar con el último que estuviera. Se sirvió otra taza de café, el cenicero ya estaba apilando las colillas. Miró hacia la calle, había un poco más de movimiento, el pueblo comenzaba a despertar. Su reloj daban las 8.45.

Antes de levantarse miraría el periódico que siempre dejaba sobre el escritorio don Paco, su fiel asistente, que hacía de portero, mayordomo, y hasta de confesor, pues no pocas veces Gastón se desahogaba con el viejo, de las penas y las adversidades que lo agotaban diariamente. Sin don Paco le faltaba como su otra mitad, así pensaba el sacerdote.

Extendió el periódico, no había nada de extraordinario, “Churchill renuncia como primer Ministro”; “se crea el pacto de Varsovia entre la Unión Soviética y la Europa del este”. Siguió pasando las hojas, noticias deportivas… comentarios económicos… lo normal…al pasar la hoja estaban las crónicas, todos los días había muertes violentas, en 1.950 y en los años que vinieran; - Dios no nos salvará nunca de este mal; la perversidad del hombre; el hombre destruyendo a sus hermanos, buscando su propia destrucción, en todas las formas posibles, guerras, asaltos, secuestros.- Uno de los artículos llamó especialmente su atención: “joven mujer es encontrada estrangulada, maniatada, amordazada, con signos de violación y tortura, en las adyacencias del parque Montserrat” – A pocas cuadras de aquí – pensó el padre. - Qué horror, Dios tenga misericordia de esas personas – No quiso leer más. Para qué. La morbosidad de la prensa amarilla lo sacaba de quicio, no tenían el menor respeto por las personas asesinadas, ni por sus familiares. Ordenó los papeles para que Inés se ocupara. Dejó adentro de la gaveta el dinero correspondiente al diezmo del domingo anterior, que poco alcanzaba para el pago de los gastos. - Nuestro Señor proveerá. Así sea.–

Fue a su habitación pequeña, sencilla, con una mesa de luz, un televisor viejo, un ropero bastante grande, y en la pared un cuadro de la Virgen del Carmen y un crucifijo muy lindo de plata, obsequio de la Arquidiócesis de Salamanca, durante la temporada en que fue llamado a trabajar en esa hermosa provincia de España. Comenzó a cambiarse, se puso su sotana, su estola y salió a comenzar la segunda parte de la jornada. La más larga a veces, pero la que mayor satisfacción le daba. Ayudar a sus hermanos, a reencontrar el camino perdido.

Don Paco ya había abierto las inmensas puertas de Santa Cecilia, la amada y vieja iglesia que todos los días hacía repicar sus campanas para llamar a sus fieles a cumplir con la más sagrada y hermosa de las obligaciones. Ir dar gracias a Dios - por lo menos así lo creía él, desde su humilde condición de sacerdote.

Ya lo esperaba su confesionario, su jaulita de madera –como la llamaba él- donde por una o dos horas estaría prisionero. Era un hombre bastante alto, 1,85 mts.; para entrar y acomodarse era todo un sacrificio para él; y mucho más en estos días de verano que sentía “cocinarse” dentro de su sotana negra y en esa caja que era como un horno. Se sentó a esperar mientras leía su misal; llegaron dos señoras, sí, Ernestina y Amalia, las conocía hace tiempo, devotas y piadosas, a descargar sus penas, sus culpas. como buenas cristianas. Después llegó Juan Luis, el pequeño diablillo de nueve años, que ya había tomado la comunión. Su madre lo enviaba todas las semanas para que Dios le perdonara sus travesuras, que eran semanales también. Así fue pasando la hora. Parecía que no vendría nadie más. Empezó a recoger para retirarse, cuando tocaron la rendija.

- Buenos días padre – Esa voz no le pareció conocida. – Ave María Purísima, buenos días hijo, ¿cuánto hace que no te confiesas?

- Perdón padre que le diga, pero nunca me he confesado.

El sacerdote no podía distinguir bien quién era. Solo escuchó su voz no muy gruesa, que no tenía mucho en particular, solo que arrastraba un poco las palabras. –¿Pero no has hecho la comunión?

- Ufff padre, supongo que no, le he dicho que no me he confesado .

- Bueno, mira, tal vez sería mejor que antes pasases por la sacristía para que hablemos un poco. Porque si como dices, no has hecho la comunión, no puedo darte la absolución.

- Mire Padre, necesito hablar, tengo un problema muy grande. Si no lo digo ahora, ya no habrá más oportunidad. (Su voz sonaba titubeante, nerviosa)

- Está bien ¿Qué problema tienes? Cómo te llamas? No sé en que pueda ayudarte.

- No padre. Sin nombres. Mejor para usted y para mí. Estos días hice algo muy malo, muy malo… Solo dispóngase a escucharme unos momentos nada más.

- Está bien. Dime, ¿que es eso tan malo que hiciste?

- Está bien. Ahí va. ¿Preparado padrecito? Maté a alguien.

Esa voz ya le estaba sonando cínica, burlona. Pero estaba clavado en ese confesionario, no podía moverse. Si don Paco pasara por allí podría tal vez verlo… - ¿Cómo lo hiciste? ¿Fue intencional? ¿Premeditado?

- Sí, muy... muy premeditado. No tuve compasión de la pobre chica. Me gustaba. La gocé bastante y después la estrangulé; no quise que ella me identificara por nada del mundo.

El padre Gastón recordó el artículo de la mañana. Será posible que ese sea el asesino del parque Montserrat? - ¡Dios! ¿En qué lío me has metido? ¿Qué voy a hacer?

El padre Gastón tragó saliva, tenía los ojos semicerrados y los entreabrió, trató inútilmente de mirar de reojo desde la rejilla del confesionario, solo podía distinguir unos ojos oscuros y brillantes que parecían atravesarlo. –Lo lamento pero no creo que pueda ayudarte. No puedo darte ninguna absolución. Como sacerdote solo puedo apelar a tu conciencia, y aconsejarte que te entregues a la policía. Tarde o temprano podrían encontrarte. Si te entregas voluntariamente el abogado podría conseguir ante el Juez que acorten tu sentencia.

- Eso es lo difícil padre, entregarme, jamás. no creo que pueda arrepentirme, siento que lo volveré a hacer. Es como una necesidad, como si mi sangre me lo pidiera.

- ¿Y a qué viniste aquí? No tienes miedo que se entere la policía? ¿Qué sacas con venir a contarme todo esto?

- Padre, quien sabe por qué vine aquí, será para no sentirme tan solo, bueno usted sabe, eso, lo del secreto de la confesión. Si usted habla, yo caería en manos de la poli, y usted saldría excomulgado. O a lo mejor, quizá, si habla, usted también pueda terminar.... ¿es necesario que se lo diga padrecito? Pero no se preocupe, no creo que volvamos a hablar, ni que vuelva a saber de mí. Aunque a lo mejor yo sí de Usted.... Adiós padrecito. Dios lo bendiga…

- ¿Pero en dónde….?- El sacerdote quiso preguntar algo más, pero cuando volteó la vista hacia la rejilla ya no había nadie. Salió del confesionario rápidamente para alcanzarlo, al menos tratar de ver algo más de ese tipo, pero había desaparecido, ni sombra quedó del pecador. - ¿dije pecador? Cristo crucificado, ¿a quién me enviaste? - Sin dejar de mirar hacia atrás y hacia los costados se encaminó a la sacristía lentamente, sus pies parecían pegados al suelo, su cuerpo temblaba aún de impresión, todo le daba vueltas. El dolor de cabeza aumentó, se tomaría la enésima taza de café, o a lo mejor se tomaría una copa de vino. Eso no podía estar sucediendo. No podía hacer nada, ni hablar con la policía, ni con nadie. Su boca estaba sellada por el sagrado secreto de la confesión. Todo seguiría normalmente, todo volvería a la rutina. Y sin embargo, sin saberlo, la vida del padre Gastón ya no volvería a hacer la misma…

SECRETO DE CONFESIÓN - 2º CAPÍTULO - CUENTO GENERO POLICIAL



23 de Diciembre, 2000
Prefectura Nº 5 de Altavista.

- Como le decía Inspector, hemos interrogado a varias personas de la zona y nadie ha podido darnos ni siquiera una pista. La víctima tenía mala reputación, será por eso que prefieren lavarse las manos como Pilato. Sus familiares están muy reacios a hablar. – Así hablaba el detective Eddie Millán, sobre el caso más reciente que estaba llevando la policía de ese estado.

El Inspector fue al archivador repleto de carpetas con los expedientes que se llevaban. Sacó una carpeta amarilla, de bastante grosor, que estaba en la sección “F”. En la portada había pegada una etiqueta que tenía escrito: “Víctima: Cinthia Ferrari 15-06-2007”. Dentro de la carpeta se encontraba todo el historial del crimen; las fotos de la escena del crimen, varias instantáneas de la mujer asesinada, el cuerpo desnudo, en avanzado estado de descomposición, con una cuerda atada al cuello y con señales de tortura. El detective Serge Coparov, de ascendencia rusa, examinó el expediente, ya había perdido la memoria de cuántas veces lo había revisado. Pero era un sabueso duro de dejarse vencer y terco como su abuelo Nicolai. Algún cabo debía haber dejado suelto ese psicópata. No existía el crimen perfecto. Tarde o temprano lo encontrarían, tarde o temprano limpiaría este mundo de otro depravado criminal. Coparov era enorme de estatura, como un oso de la Siberia, tenía mejillas sonrosadas, usaba el pelo muy corto, de tierno corazón con sus amigos pero implacable con los que transgredían la ley, además era ateo convencido, su único dios había sido su abuelo de quien le había legado lo más importante de la vida, su sabiduría de viejo patriarca. Nunca lo olvidaría, como tampoco olvidaría los cuentos de pescadores o de cosacos de la vieja Rusia que le leía al atardecer.

Tomó el teléfono y marcó un número, mientras encendía un puro (lo prefería a los cigarrillos, pues según había escuchado, eran menos dañinos), - Aló? Martha, por favor comunícame con la doctora Deborah Lyon, la psiquiatra del Instituto Daborlan, y pídeme una entrevista para esta tarde. - , - Sí Inspector, enseguida lo hago y le confirmo – - “Algún punto débil debes tener, alguna vez vas a cometer un error, y ahí voy a estar pisándote los talones para verte caer y aplastarte como una cucaracha”, -se habló asimismo.

Llamó por el interno al detective Eddie Millán, su compañero inseparable –“te quiero listo en diez minutos, tenemos que salir” –“Sí jefe, estoy listo para cuando usted diga.”

Coparov apagó su puro, para no gastarlo todo. Era la única droga que lo tranquilizaba y lo ayudaba a pensar. Agarró sus credenciales, su Beretta calibre 96 y se puso la chaqueta de cuero negra. Era como su segunda piel, nunca la dejaba, adonde fuera iba con él. Salieron con Millán en la camioneta azul y blanca, -“¿adónde vamos Copa?” - (lo llamaba así por el diminutivo de su apellido, era al único que se lo permitía, por los años de amistad que los unía). – “A hablar con el Capitán Angus Flynch, ex comisario de la Cuarta Comisaría de Altavista. Me dijo que me tenía unos datos interesantes que podrían estar relacionados con estos crímenes.”

- Guau jefe, sería fantástico. Porque al parecer estos casos se nos están escapando de las manos. Pareciera no tener fin esta carnicería. Fíjese cuántos crímenes de la historia han quedado impunes. Acuérdese de Jack el destripador. Nunca lo pudieron agarrar.

- Por favor Eddie, ¿no te acuerdas en qué año estamos? La Scotland Yard en esos tiempos no contaba con las técnicas modernas forenses que hay ahora. Si en aquellos días se hubiera podido extraer ADN o las huellas digitales al cuerpo de las víctimas o de las escenas del crimen, ten por seguro que el Destripador hubiera sido otra historia. ¿no crees?

- Si Cop, seguro que sí. Pero en las víctimas de este caso, tampoco se encontró ADN ni huellas. El desgraciado se cuidó bien de no dejar pistas.

- No te preocupes que el que ríe último ríe mejor. El está ganando hasta ahora. Pero la guerra no ha terminado.

- Recórcholis jefe, usted sí que es duro de roer, no? - El policía gigantón hizo gesto de victoria con los dedos.- Bueno, estamos llegando, ojalá que Flynch esté de buen talante, para que nos ayude a salir de este berenjenal.

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Flynch, el viejo capitán de la policía de Altavista, contaba con setenta años, un viejo zorro, retirado del ejército, que había servido por treinta años al cuerpo policial; un hombre muy apreciado y admirado por sus compañeros y ex compañeros y odiado por sus enemigos. Coparov y Millán entraron a la lujosa oficina del capitán, decorada toda en madera, donde se apreciaban en la pared todas las medallas y condecoraciones del viejo Inspector.

-¡Caray! Továrishch 1 Coparov, dichosos los ojos. Que si no es por ese loco suelto que anda por estos predios, ya ni te veo. – Pero siéntense, les sirvo un trago?, ya sé. Por acá te guardo uno de los que me mandó Fidel hace unos años. Los tengo reservados para “továrishch” como tú, jajaja; Copa viejo amigo, me imagino que este es Millán, - extendiéndole la mano – estás en las mejores manos, de él podrás aprender todo muchacho, pero lo único que te aconsejo que no aprendas de tu jefe, es esa tozudez de oso ruso. – jajajaja, me han dado una gran alegría esta mañana. Pero bueno, al grano no?

- Sí, Angus, no queremos hacerte perder tiempo – Dijiste que tenías algunas pistas que podían ayudar a estos casos.

- Pues, espero que sí, por los datos que me has hecho llegar a mis manos, pude corroborar parece obra de un psicópata, el mismo patrón para matar, claro que cuando hables con la doctora Lyon, ella podría darte un perfil psicológico más claro de este monstruo insaciable en su sed de matar. – Mientras hablaba abrió una gruesa carpeta azul, donde se leía un nombre “Verónica Laram. 10 – 01 – 1955” - este es un caso muy viejo, que te lo daré para que lo estudies y compares con los expedientes tuyos, la mujer fue violada, torturada y estrangulada posteriormente; al leer tus notas, me acordé de este caso que nunca se pudo resolver. El cuerpo fue encontrado en el parque Montserrat, donde se encuentra ahora el Centro Comercial Altavista. Por lo que me contaste los crímenes fueron perpetuados en diferentes fechas, es decir, que este demente viene actuando desde vaya a saber cuándo. Habría que comparar con otros crímenes en otras ciudades. Ahí te lo dejo, cuando ya no lo necesites me lo devuelves para guardarlo en donde debe estar. Ya sabes, no me gusta que se me pierda nada.

- Angus, te estamos sumamente agradecidos. Te tendré al tanto, veré que resulta de la entrevista con la psiquiatra. Quisiera ser optimista, y creer que nos estamos acercando a la recta final de estos crímenes tan horrendos y que tienen alarmada a la población. No quisiera que se despertara el pánico, de todas formas hay que alertar a las mujeres para que no salgan solas, sobre todo a las de mala vida, que son las que más deben cuidarse.

- Spasiva! 2 Adiós muchachos! Que tengan mucha suerte. Cuando todo esto termine los invito para que nos emborrachemos con vodka.
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Más tarde en el Instituto Daborlain.

- Esperen un momento, enseguida comunicaré a la doctora Lyon, tengan la amabilidad de sentarse. –Informó la blonda secretaria de la psiquiatra.

Se sentaron en los cómodos sillones de la Instituto, pero enseguida salió del consultorio una joven mujer pelirroja, de pelo recogido con un lazo, como de treinta y cinco años, algo bajita, pero tenía un cierto atractivo con su mirada que escudriñaba detrás de sus lentes pequeños. – “Pasen por favor, encantada de conocerlos, soy la doctora Deborah Lyon, el Capitán Flynch me habló sobre su visita, trataré de colaborar de la mejor manera” Siéntense que enseguida los atiendo, se asomó por la puerta y llamó a su secretaria – “por favor Susy trae dos café para los detectives”.

Una vez acomodados, en un consultorio decorado con plantas y esculturas exóticas, cuadros surrealistas, y en la biblioteca, cuadros de personas, seguramente familiares de la doctora.

- Gracias doctora Deborah, como usted sabrá por las noticias estamos tratando de “cazar” a un criminal en serie, muy peligroso, que tiene aterrorizada a esta ciudad. Posiblemente sea el mismo que mató hace muchos años en 1955, necesitaríamos que nos hiciera un perfil psicológico más profundo que el que describieron nuestros agentes.

- Bueno antes que nada ya sabrán el significado de psicópata, “son enfermos mentales, incapaces de relacionarse con otras personas, consideran a los demás como un medio para satisfacer sus necesidades, sólo sienten aprecio por sí mismos, son egocéntricos, se creen el centro del mundo y manipulan a los demás. Tienen incapacidad de empatía, no se emocionan ni sufren en sus relaciones familiares o de amistad, fingen emociones que no sienten, se excitan con el riesgo y lo prohibido, hay algo en ellos que les impide aceptar las normas e ir en contra de lo establecido, falta de sentimientos de culpa, algunos suelen ser muy inteligentes y tener encanto personal ficticio (pueden ser encantadores con los demás hasta que consigan satisfacer sus necesidades y conseguir lo que desean). Tienden a reaccionar con mucha frialdad y tranquilidad, suelen ser mentirosos, no se sienten culpables ni sienten vergüenza ante sus acciones, por muy incalificables que estas sean. Son perfectamente conscientes de la diferencia entre lo real y lo imaginario, y están perfectamente situados en el espacio y en el tiempo. Por consiguiente, saben lo que hacen y por qué lo hacen. Planifican sus crímenes, habilidosamente engañan y manipulan a sus próximas víctimas. Llevan, en apariencia, una vida normal, tienen su familia, trabajo, en la mayoría de los casos tienen puestos de alta responsabilidad: banqueros, policías, políticos, etc “ 3

Por la descripción de los crímenes, si es que está relacionado con el de hace tantos años, debe ser un hombre entre cuarenta y ocho o sesenta años como máximo, dependiendo su fecha de nacimiento. Es un hombre con una fuerte carga de agresividad, se podría suponer que fue abusado en su niñez o en su adolescencia, o que la madre haya sido prostituta. Este es una característica de muchos psicópatas. Odia a las mujeres a través de su madre. * Pueden tener también otra característica, estos tipos podrían tener también la costumbre, al menos una vez en su vida, de confesarle a alguien sus crímenes, ya sea por escrito o personalmente, no por sentimiento de culpa; por ejemplo como en no pocos casos, han enviado mensajes anónimos a la policía, o a un sacerdote o a un periodista, o alguien desconocido. Por qué razón? Podrían ser muchas, quizá eso lo excita aún más para seguir matando, para sentirse más poderoso, haciendo saber que nunca lo van a detener.

- Un sacerdote? – repitió Coparov – ¿Usted cree que podría haber hablado con un sacerdote? – No lo sé Inspector, posiblemente, de un tipo así puede esperarse cualquier reacción. Son imprevisibles. Es todo lo que puedo decirles, pero en lo que pueda seguiré colaborando con la policía para que lo atrapen. – respondió la psiquiatra.

Coparov y su compañero salieron después de la larga charla con la doctora. El inspector se subió a la camioneta, muy pensativo y callado. – Qué pasa Copa? Por qué se quedó tan mudo? -; - Nada Eddie, solo pensaba. ¿Cómo se llama la vieja Iglesia que está detrás del Centro Comercial?. – Santa Cecilia, Copa, ¿que está pasando por su mente ahora?. – Nada viejo, solo es una simple corazonada – Arranca, Iglesia San Cecilia…. sacerdote…. allá vamos…

1 Camarada en ruso
2 Gracias en Ruso
3 http://www.pulevasalud.com/ps/subcategoria.jsp?ID_CATEGORIA=103053&RUTA=1-747-1159-2212-103053 (Perfil de un psicópata)
* Este párrafo es fantasía de la autora.

SECRETO DE CONFESIÓN - 3er CAPÍTULO - CUENTO GÉNERO POLICIAL



La vieja Iglesia aún se mantenía con el paso de los años, estaba ahí en una esquina como testigo silencioso muchos amaneceres, del transitar de los pueblerinos que pasaban frente a ella; de paredes grises, y con amplios vitrales, todavía no había abierto sus puertas. Los detectives aparcaron la camioneta a un costado de la calle y se dispusieron a entrar por la entrada del despacho parroquial. Allí los recibió amablemente un sacerdote bastante joven, aunque se sintió extrañado al saber que eran policías.. - ¿En qué puedo ayudarlos? –

- Necesitamos hablar con el padre Gastón Bernal. Es muy importante.

- Lamentablemente el padre Bernal ya no sirve en esta parroquia, desde hace muchos años él pidió al Obispo de entonces, Monseñor Carrión, el traslado a otro lugar. Pero podría hacerles llegar su mensaje para que se comunique con ustedes.

- ¿Podría informarnos adónde fue trasladado? - insistió Coparova

- No creo que haya problema en informarles, el se fue a otra iglesia que queda a una hora de Altavista, en el barrio de La Florida, la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús. Allí vive aunque no oficia como sacerdote por sus problemas de salud.

- Muchas gracias padre, trataremos de ubicarlo.

No tardaron en llegar a la Capilla, que era bastante pequeña, como escondida entre los árboles de un florido parque, parecía estar esperándolos. A lo lejos pudieron apreciar la figura de un hombre bastante viejo, que cuidaba las plantas, empezó a caminar hacia ellos con lentitud. –Buenas tardes, que desean los señores? – preguntó un anciano

- Por favor, deseamos hablar con el padre Gastón, soy el Inspector Sergei Coparov y él es el detective Millán.

El rostro del viejo Paco pareció oscurecerse, sabía que esos dos traían problemas. Los acompañó a la entrada de la capilla, -Esperen un momento, veré si el padre no está durmiendo – Pobre padre, -se dijo Paco- no le van a gustar nada estos visitantes. Se asomó en el despacho del sacerdote, que se encontraba leyendo, estaba quieto, muy sereno. – Padre, allá afuera lo buscan dos policías – El religioso quedó algo sorprendido, pero no le extrañó mucho esa visita, sabía que ese día llegaría, más bien habían tardado demasiado. El padre Gastón había envejecido ya, tenía unos setenta y cinco años, aunque conservaba una espléndida figura, con su pelo blanco, le daba cierta distinción. Recordó por un instante esos años de servicio en Santa Cecilia, fue dolorosa para él tomar la decisión de irse, pero el obispo estuvo de acuerdo, su vida mientras estuviera allí podía correr peligro, así como la de su mayordomo y la de Inés. Aunque nunca más había vuelto a saber de ese extraño, no quiso tomar ligeramente su amenaza. Lo que más lo atormentaba es saber que seguramente volvió a matar, y el no poder hacer nada lo sumergía en un mar de remordimientos. Por eso, nunca más quiso leer las crónicas amarillas, no quiso enterarse ni saber qué pudo haber ocurrido. Se encomendó a Dios y le dijo a don Paco que pasaran.

- Padre Gastón, lamentamos interrumpir su agenda, solo será unos instantes, necesito hacerle unas preguntas. – Le pidió a Millán que lo esperara afuera, para que la entrevista fuera más íntima, y no hacer sentir acosado al clérigo.

- Sí, siéntese, desea tomar un café, bebidas alcohólicas no consumo.

- Como desee padre, si usted toma yo también lo acompaño con un cafecito. – Gastón llamó a su viejo amigo Paco para que les preparara dos tazas.

- Bueno padre, no quiero quitarle su tiempo, solo le haré unas preguntas esperando que pueda ayudarme, no sé si usted ha leído las noticias últimamente, en este pueblo se han estado sucediendo una serie de crímenes abominables, parece ser obra de un asesino en serie, no hemos podido encontrar nada que nos conduzca para atraparlo. Pero nuestras investigaciones nos han llevado a relacionar el caso con un crimen cometido en el año 55, el cadáver fue hallado en donde estaba Parque Montserrat, ya sabe bastante cerca de la Iglesia Santa Cecilia donde usted sirvió de párroco.

El padre trató de disimular su temor, no sabía como saldría de ese atolladero, aunque deseaba poder ayudar, su juramento debía mantenerse intacto. Aunque él no había podido ver al extraño, de la confesión no podía decir nada, por su deber de sacerdote y para no arriesgar las vidas de sus queridos amigos.

- Ud. dirá Inspector ¿en qué puedo ayudar? – tragó saliva, no le gustaba mentir, pero era necesario –

- Quizá por aquellos días cuando prestaba el servicio de la confesión, nunca nadie se acercó a Usted, ningún sospechoso, que pudiera contarle algún crimen?.

- Detective, yo no puedo hablar sobre eso, para un sacerdote el secreto de la confesión es sagrado, inviolable, lo lamento en ese sentido, yo no puedo ayudarlo.

- O sea que sí pudo haber algo de eso. Mire padre, yo respeto su sagrado deber, la verdad no creo en Dios, yo creo en esto solamente – le dijo mostrándole sus credenciales – si usted sabe algo que pudiera detener esos crímenes y no colabora, podría estar haciéndose cómplice de ese loco, estaría obstruyendo la justicia.

- Lo siento, no sé nada, no puedo decir nada... y además eso fue hace muchos años, aunque quisiera, cuánta gente ha pasado por mi confesionario, no podría recordarlo.

- Vamos padre, que no todos los días vendrá alguien a contarle que cometió un asesinato.

- Quizá, tal vez, pero créame quisiera ayudar, mas no sé nada sobre esos crímenes.

Coparov se sintió desanimado, no podía forzarlo, ni quería meterse en problemas con la iglesia, volvían otra vez al punto muerto. Sintió rabia, coraje, ¡maldición!. El sacerdote no hablaría ni aunque lo mataran. Admiró su entereza, su fe, pero no podía comprenderla. Para él antes que nada estaba su deber, la seguridad de los ciudadanos, respetar y hacer respetar la Ley, esa era su Biblia, su palabra sagrada. En realidad ¿el sacerdote estaría callando por no violar su juramento o sabía algo más que le impedía hablar? Decidió dejarlo por el momento para no presionarlo, pero no lo dejaría así. – “Yo a ti te encuentro porque sí, maldito” – Se despidió de Gastón pidiendo disculpas. –Está bien vuelvan cuando quieran, Dios los acompañe –

Gastón quedó a solas en su oficina, cerrando los ojos rezó en silencio, a solas con su conciencia, pidió perdón a Dios por esa culpa que llevaba sobre sus hombros hacía cuarenta y cinco años. El viejo Paco los vio irse, se dijo que era hora de hablar con el padre, sobre ese recuerdo que conservaba en su memoria, por qué no lo había dicho, no sabía, le restó importancia. Pero cuando vio a los detectives, algo le dijo que tal vez tuviera que ver con lo que vio. Fue al despacho, se sacó su gorra, y humildemente entró. – Don Gastón, puedo pasar un momento?

- Sí mi amigo pasa, ¿que ocurre?

- Padre, no sé si usted se va a molestar por lo que diga, pero tengo que confesarme.

- Pacooo!!! Qué sucede, ¿tú confesarte? Mi Dios, ¿a tu edad? Viejo ¿pillo que hiciste? Jajajaja – Le gustaba bromear con su amigo, con su media mitad, el día que le faltara, no quería ni pensarlo, siempre daría gracias a Dios por ese hermano que se mantuvo a su lado a pesar de los años.

- Sí padre, pero no es un pecado de esos… No, que va, ni aunque quisiera. ¿Ud se acuerda hace años allá en Santa Cecilia, una vez cuando usted me preguntó si había visto salir a alguien del confesionario?

Gastón se puso pálido como la cera, de qué estaba hablando este Paco, la única vez que le preguntó algo así, -en eso su memoria no le fallaba – fue cuando recibió esa confesión espantosa. – De qué hablas viejito? Sí, lo recuerdo, te lo pregunté pero me dijiste que no viste a nadie.

- Bueno Padre, ese día andaba medio apurado y creo que no entendí bien la pregunta. Pero sí recuerdo que esa mañana vi levantarse del confesionario y salir hacia la puerta a un tipo medio raro. Alcancé a ver su rostro. Se me quedó mirando un breve instante. Es de esas caras que nunca se olvidan. No sé por qué, presentí que algo malo había en él. Después con esta cabeza que tengo no le dije nada, le resté importancia.

- Está bien, Paco, no tengo que perdonarte nada, fue un pequeño olvido, ya no tiene importancia. Quizá todavía se pueda hacer algo. Te agradezco ahora vuelve a tus tareas. Si te necesito yo te avisaré. Te lo prometo.

El padre quedó ensimismado con la “confesión” del viejo mayordomo, que ya tenía casi noventa años, pero su salud era como un roble, había llevado siempre una vida muy sana, junto a sus árboles, sus plantas, caminando de aquí para allá. Pobre Paco, quizá él también había llevado su saco de culpas. Enseguida pensó, Paco no es sacerdote, él podría informar a la policía, si recordaba su rostro, podrían hacer un retrato del hombre, así podrían encontrarlo, pero yo también debería contar sobre eso a los detectives. Estaba en una encrucijada, en realidad deseaba que terminaran esos crímenes, que no volviera a matar. Decidió consultar al Obispo Carrión para no actuar por su propia decisión.

Más tarde el clérigo se encerró en su escritorio, marcó el teléfono del arzobispado para pedir una cita urgente con el Obispo Cordelle. Le contestaron que lo recibiría inmediatamente; tomó coraje y salió en su viejo coche, sin saber que lo estaban observando. No tardó demasiado en llegar, al antiguo edificio del Palacio Episcopal; - Buenas tardes padre, Monseñor lo está esperando, adelante – le informó la secretaria, una mujer bastante mayor, que tenía años sirviendo en esa Sede de la Iglesia. Monseñor Rafael Cordelle extendió sus manos, que el padre respetuosamente besó haciendo una breve reverencia. – ¡Hijo que alegría verte! Pasa para que hablemos y me cuentes eso que te está inquietando tanto. Inmediatamente pasó a la contarle la historia sobre esa antigua confesión, la visita de la policía, la conversación con Don Paco; sus remordimientos por no poder ayudar a la Ley a resolver esos crímenes horribles.

- Bueno hijo mío, en realidad tú no sabes de quien se trata, él nunca mencionó su nombre, no estarías violando directamente el secreto de la confesión. Lo sería si revelaras el nombre de la persona que fue hacia ti, o el de otras personas ligadas a ese pecado. Hablar sobre el pecado en sí no es romper el sigilo sacramental. Pero si en realidad, ese hombre te amenazó en el pasado, deberás obrar con cautela, pues no sabemos que podría suceder en el futuro; creo que tú y Paco tienen que hablar con la policía. Ellos sabrán que acciones tomarán sobre el asunto. Si deseas te puedo acompañar para que te sientas más tranquilo.

- No Monseñor, no se preocupe, le pediré al viejo Paco que me acompañe, porque seguramente los detectives querrán hacerle firmar una declaración.

- Muy bien, te agradezco me tengas al tanto, y elevaré mis oraciones al Señor para que todo se resuelva de la mejor manera, y no haya más asesinatos. Que Nuestro Amado Señor Jesús y la Santísima Virgen te acompañen. Ve en paz hijo.

Afuera ya caía la tarde, las sombras de los árboles cubrían enteramente la capilla, Desde la acera de enfrente, alguien observaba, vigilando los movimientos que sucedían en la capilla, la llegada y salida de la policía, la salida apresurada del cura. Esperó hasta que el padre volviera a entrar más tarde. Alguien que no había olvidado al padre Gastón.

“Yo me iré al infierno pero tú te irás conmigo, “padrecito”; tendré el placer de ahorcarte con tu propia sotana….

SECRETO DE CONFESIÓN - ÚLTIMO CAPÍTULO - CUENTO GENERO POLICIAL



5.10 pm. El religioso salió del despacho como si le hubieran quitado de encima una torre de plomo, tanto tiempo cargando esa cruz, lo había envejecido más de lo que estaba. Subió al coche y marcó el número del departamento de la jefatura, - Buenas tardes, ¿se encuentra el detective Coparov? – En estos momentos no está, se encuentra cumpliendo un arresto por la zona, desea dejarle un mensaje? – Sí, por favor que llame al padre Gastón Bernal, que es muy importante. – No se preocupe padre, le daremos su recado en cuanto venga. Ya faltaba poco, no sabía si eso resolvería algo pero al menos, no seguiría ocultando la verdad.

5.15 p.m Coparov y Millán terminaron el arresto, cuando iban de regreso, el ruso estaba en unos de sus ensimismamientos acostumbrados. – Jefe, ¿ahora que sucede? Dijo su compañero. El Inspector quebró su silencio. – “¡Cómo no lo pensé antes! Soy una cabeza hueca, ¿cómo se me pasó por alto?”

- No me diga que es otra corazonada, no jefe no me asuste por favor!

- Y de las fuertes Eddie. Gira de regreso, vamos a la Iglesia Santa Cecilia.

- A Santa Cecilia? Para qué?

- Hace unos días me dijiste algo sobre Jack el Destripador no?

- Si, claro que sí, que en esa época se hubieran podido encontrar huellas de ADN en la escena del crimen o en las víctimas…. Rayos Copa, ya caigo! Pero y en la Iglesia en que lugar podríamos encontrar ADN?

- En qué lugar estuvo supuestamente el asesino cuando entró?

- ¡¡¡¡El confesionario!!! – dijo Millán dando un pequeño salto en el asiento - ¡Bingo!, Eddie, espero que no sea muy tarde.

En ese momento sonó el móvil del Coparov para informarle la llamada del padre Gastón. De regreso pasarían por allá. Esto era de vida o muerte…

5.45 El sacerdote veía pasar las horas, aún no llegaba la policía. Pensó en pedirle al viejo Paco que le sirviera un té, sentía el estómago frío; de repente sentía que se acababa el tiempo. Se dirigió a la capilla donde su jardinero regularmente hacía la limpieza o cambiaba las flores de las imágenes. No lo vio por ninguna parte, pero sí notó que la puerta que daba al patio estaba semiabierta. Se extrañó, pero en eso oyó un ruido seco, como si algo se hubiera caído.

- ¿Paco? Estás ahí? – No recibió contestación - “Seguramente pensó debe haber bajado al sótano a guardar algo, le he dicho tantas veces que no baje ahí”. La puerta del sótano estaba abierta. Comenzó a bajar. El olor a humedad le impregnó totalmente, era insoportable. - ¿Paco? ¿Dónde te metiste? - De repente en la semioscuridad tropezó con algo, prendió la linterna de bolsillo y vio el cuerpo del pobre viejo, tenía sangre en la cabeza. Intentó correr hacia las escaleras para buscar ayuda, pero unas manos fuertes los sostuvieron.

– ¿Adónde va “padrecito” ?
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- Padrecito, padrecito, usted me ha decepcionado, absolutamente, me ha decepcionado. ¿Por qué tuvo que hablar? ¿Por qué no me hizo caso como le previne hace unos años? El sacerdote reconoció en ese “padrecito” la voz desagradable, metálica del asesino. No sentía miedo, solo temía por la gente que estaba cerca de él; que sin saber podrían pagar las consecuencias con su vida. - Yo no he hablado -; - Usted, un clérigo, ¿mintiendo? Quién lo diría. – ¿Y a que vino la policía esta mañana? A tomar café?, a confesarse? A qué, dígame! A quéeeeeeeeeee cura desgraciado!

-Tranquilícese, le he dicho que no he hablado. Vinieron a preguntarme por los crímenes ocurridos, pero les dije que no sabía nada.

- No me fío, de todas formas ya me vio. Lo lamento, pero no puedo dejarlo ir. Tenía pensado una despedida más original para usted padre pero no hay mucho tiempo. Comience a rezar “padrecito” pronto irá a tocar la lira con los angelitos. jajajajajajajaja.
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5.50 Los detectives después de insistir lograron que el sacerdote de la vieja iglesia los dejara llevarse el confesionario, que estaba guardado en un patio donde se almacenaban los muebles viejos del templo, pues la madera de éste se había deteriorado con el tiempo. No se sentían muy optimistas por el daño que pudiera presentar el dichoso mueble, pero pidieron al departamento que fueran a recogerlo. En pocas horas podrían saber cuántas huellas encontrarían. Tal vez estuviera la que buscaban. Coparov era un ateo porfiado, pero en ese momento le dijo a Millán “si Dios existe que nos haga un milagro con el confesionario”. Millán reía para sus adentros. –“Jefe no había que ir a hablar con el padre Gastón?, puede ser importante.” – Tienes razón, vayamos enseguida a ver qué nos tiene el padre.

En menos de una hora llegaron a la Capilla, era un lugar hermoso, se respiraba una paz muy especial. “Aquí seguramente no debe ser difícil creer en Dios” –se decía el ateo- Llegaron a la puerta que encontraron abierta, el viejo Paco no se veía por ninguna parte. ¡Paco! ¡Padre Gastón! Hay alguien aquí? ¡Qué raro, pero la puerta está abierta! Revisemos en la oficina. – No sé, Millán, esta vez no sé porque tengo una corazonada fea – Inspector, usted con sus corazonadas va a lograr que me de un infarto al miocardio. – Te lo digo en serio, esto está demasiado silencioso. No es un silencio natural, ¿ no sientes? – Yo? Copa, yo solo siento el ruido de mi estómago que me está dando hambre.
De repente se sintieron como unas voces lejanas…..
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6.10 pm

- Si me matas no me importa, has lo que tengas que hacer, pero piensa que algún día esto deberá terminar. La justicia divina tarda a veces pero llega. Aún puedes arrepentirte y entregarte. No cargues otro crimen más a tu conciencia.

- Justicia divina! Usted me habla de justicia divina! ¿Y dónde estaba Dios cuando mi madre hizo lo que hizo de mí? ¿Quiere qué le cuente lo que mi madre hacía conmigo? La perra asquerosa! Me desnudaba y me metía en su cama, me hacía todas las porquerías que usted no se imagine. Y tenía nueve años, nueve añooos! ¿Y quién me hizo justicia? ¡¿Dios?! No me haga reír. Pues maldigo a su Dios. Ella estaba podrida, igual que todas, todas son perras asquerosas. Se acabó padre, mi conciencia me dice que lo despache. Sáquese la sotana. ¡¡¡¡Ahora!!!

No sintió que alguien bajaba por las escaleras. No se dio cuenta que la justicia estaba por cumplirse. – ¡Ponga las manos en alto! ¡Quédese quieto! ¡Póngase contra la pared y abra las piernas!

El criminal no se movió, en un instante, rápidamente agarró al sacerdote con las dos manos sujetándolo por el cuello, haciéndole la cabeza hacia atrás; empujando al cura con él se dio vuelta…

- Hágase a un lado. Daré un paseo con el “padrecito”. Un leve movimiento y se la entierro– mostrándole la navaja con que mantenía sometido a su rehén comenzó a caminar hacia atrás hacia las escaleras pero sin darle espalda al policía.

- No sea estúpido. No va a llegar muy lejos. Vienen refuerzos en el camino (No era cierto, pero tenía que amedrentarlo) –le inquirió Coparov. – No tiene escapatoria. Suelte al sacerdote .–

El asesino hizo un movimiento rápido intentando cortarle el cuello a Gastón, pero alguien a sus espaldas gritó: - ¡¡¡Quieto!!! El hombre, sorprendido, dio un salto, soltó al cura que se apartó inmediatamente. Millán disparó…

Todo había terminado. El cuerpo del psicópata aún temblaba con los estertores de la muerte. – Padre, ¿qué está haciendo? El sacerdote se inclinó sobre el moribundo, de él solo pudo alcanzar a oír unas palabras: “….infierno… hasta….” Sus ojos quedaron perdidos en el vacío de la oscuridad. –“Que Dios tenga misericordia de tu alma”…. Le dijo el padre haciendo sobre el muerto la señal de la cruz.

Después que se levantaron el cadáver, les prestaron ayuda al religioso y a don Paco que estaba solo malherido. Una ambulancia se llevó al jardinero al hospital, mientras los detectives se quedaron hablando con Gastón.

- Usted cree padre, que un hombre así podrá tener entrada en su dichoso paraíso? - le preguntó el Inspector.

- Todos somos hijos de Dios. La misericordia de Dios es infinita y sus designios indescifrables. No sabemos lo que este hombre haya sufrido en su vida pasada. Cristo vino por los pecadores, para darnos una esperanza.

- Ay padre, perdóneme, pero por ahí dicen “el que a hierro mata a hierro muere”, la vida de éste la desconozco, pero si sé de las familias de las vidas que él cegó, ¿quién les devuelve la esperanza?, ¿Quién les devolverá sus vidas? Algún día si llego a creer en su fe, no me quisiera encontrar con ese loco ni en el paraíso ni en ningún otro lado. Gracias padre Gastón, por todo, y espero volver a verlo alguna vez. Paco ya fue trasladado al hospital. Solo recibió un golpe considerable pero estará bien.

- Adiós, cuídense, hasta que Dios diga…
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EPILOGO

9 pm. Los detectives habían terminado otra jornada. Otra misión cumplida, con valor, otro criminal menos que andaría por esas calles de Dios. La noche tenía un aire puro, perfumado; Coparov miró hacia el cielo estrellado y aspiró profundamente el perfume de las rosas del jardín de la capilla. – Bueno – se dijo a sí mismo– habría que darle una oportunidad a ese Dios para que me diga de una vez donde está.-

- Jefe, otra vez pensando? No Copa, deje a sus corazonaditas descansar. – Millán un poco cansado se reclinó sobre el asiento de la camioneta.

- Sí tienes razón, pero no era una de esas, solo pensaba...

- ¿Qué Copa? - Preguntó su mano derecha.

- Que alguien nos espera para brindar con una botella de vodka. ¿No te acordabas?

- Es verdad ¡el tovarisch Flynch! ¿Tiene permiso de su esposa Inspector Coparov?

- Con permiso o sin permiso ¡Váshe zdaróvie! 1



1 ¡Váshe zdaróvie!  (A su salud en ruso)