domingo, 18 de abril de 2010

LA DUDA



Wikipedia, la Enciclopedia Libre: La duda constituye un estado de incertidumbre y un límite a la confianza o la creencia en la verdad de un conocimiento. Su contrapuesto es la certeza.

Es el nombre de una película muy reciente, trata del enfrentamiento entre una monja (Meryl Streep) y un sacerdote (Philip Hoffman), por las sospechas que tiene la primera sobre el abuso sexual del sacerdote hacia un estudiante de color. Siempre tuve la inquietud de escribir sobre este tema tan polémico, y a la vez tan delicado. Mas no quiero dejar de escribir mi humilde opinión. Sé que muchos vendrán a dejar su testimonio, lo respetaré, lo aceptaré, porque así debemos ser racionales, objetivos y pediré perdón si este artículo ha sido motivo de ofensa, si no concuerda con todas las opiniones. Nunca esperaría que fuese así.

Como católica soy fiel defensora de mi fe con mucho orgullo, de la iglesia y de sus religiosos; y a la vez trato en lo posible de ser objetiva y discreta. Me duele, siempre me dolerá en lo más íntimo cuando un sacerdote o una monja son expuestos al escarnio público, sean culpables o no; pareciera que los únicos pederastas visten sotana; no se puede negar que tras esa campaña que hubo o sigue existiendo en Estados Unidos, donde pusieron al descubierto a más de 4.300 sacerdotes,
(http://noticias.terra.com/articulo/html/act171938.htm) ¿fueron todos encontrados culpables? Si lo fueron habrán recibido merecidamente su castigo, más que nada el de su conciencia que es el peor y donde habrán encontrado más sufrimiento; pero también hay algo cierto y es que también existen hombres sin sotana que tienen un largo prontuario de violadores y abusadores de niños, no solamente sexual sino físicamente, ¿existirá también una campaña tan encarnizada contra ellos como en el caso de los curas estadounidenses? Entiendo que por ser hombres de Dios su pecado es mucho mayor. Aunque también sería injusto hacer pagar justos por pecadores, pues no todos los religiosos pueden ser acusados de ese horrible delito, no todos pueden ser mirados como degenerados, pederastas, homosexuales. Como el Señor Jesús nos enseña en su palabra, cuando nos escandalizamos de otro pecador, “No mires la paja en el ojo ajeno, quita la viga que tienes en tu propio ojo. Entonces podrás ver bien para quitarle la paja del ojo de tu hermano”. Mateo 7,1-6.

En mi pueblo hay cinco o seis iglesias, conocemos y amamos a nuestros curitas de las respectivas parroquias, que con sus defectos o no, luchan, trabajan, estudian, compartiendo con su grey cada día que el Señor nos da. Alguno que otro ha sido acusado de mujeriego, pero jamás he visto las pruebas, jamás los he visto con mis ojos, no me convencieron ni me convencen todavía esas acusaciones. Si lo son no le corresponde a nadie condenarlos. Siempre seguirá quedando la duda.

En esta película precisamente en el final nos dejará con la duda de si existió o no el abuso por parte del sacerdote. Nunca se vio durante esta historia ningún comportamiento extraño o escandaloso del clérigo respecto al joven, da la impresión de que la religiosa estaba ciertamente equivocada, su actitud no era nada objetiva, solamente dejándose llevar por una simple sospecha; nunca se vio una actitud del muchacho que demostrara miedo o rechazo hacia su presunto abusador.

Cuántas veces condenamos sin tener las pruebas fehacientes, cuanto mal podemos causar a la iglesia y sus pastores, o a quien se considera sospechoso de un delito como éste, sin buscar las pruebas que lo certifiquen. Posiblemente muchos se dejen llevar por ese sentimiento anti-cura que muchos guardan en su corazón. Por lo general ese es el razonamiento que la mayoría de las veces se oye, “no soporto a los curas”, “son hombres como todos”, cosas así, y es verdad, son hombres que sienten, que pecan como cualquier mortal; es imperdonable, es inconcebible como haya sacerdotes que caigan en ese horroroso abismo, pero también tienen el derecho como cualquier criminal a reivindicarse, a arrepentirse sinceramente, cumpliendo lógicamente su sentencia, siendo excomulgado si así lo considera la Iglesia. Si es así, entonces que todo el peso de la Ley caiga sobre él, pero al encontrarnos ante una duda como esa, sea sacerdote, sea laico, busquemos esa prueba para aplicarle la debida justicia, no dejarnos llevar por un odio o una antipatía personal.
¿Se podría seguir viviendo tranquilos al señalar con el dedo a otro prójimo, lleve el hábito que lleve, sin estar ciertos? Solo porque lo dudamos, solo porque nos dejamos llevar por estadísticas, por artículos de prensa, o porque lo escuchamos contar a otros. ¿Se podría vivir con esa duda? Yo no ¿y tú?.

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